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MIKEL LABOA Xoriek 17CANCIÓN Elkar/Karonte
Todos tenemos pájaros en la cabeza, pero no en la forma en la que los concibe este transgresivo psiquiatra y pope de la canción vasca. Los mirlos, las alondras y las codornices de Mikel Laboa poco tienen que ver con las aves de Hitchcok, y son retratados como criaturas indefensas que se deshacen con sólo mentarlas. Como las desconsoladas canciones de este tríptico en el que el donostiarra picotea del alpiste ajeno –textos del habitual Atxaga, Sarrianoindia o Bretch– o se escuda en obituarios musicales a Billie Holiday, Jacques Brel –“Ne me quitte pas”– y Atahualpa Yupanqui –“Piedra y camino”. Por no mentar sus ornitológicos salmos. La voz resquebrajada y achacosa a la manera de un Dylan decrépito, el uso declamado de lenguas como el árabe, el rumano o el castellano en “Sustraiak han dituenak”, los mullidos colchones jazz que tejen el piano de Iñaki Salvador y el saxo de Josetxo Salgueiro, la inusitada presencia de Lisabö en “Orduña” o el violín de Alasdair Fraser, dan barniz a este pedazo de madera de boj que es Xoriek . Y en sus nudos y su corteza se entrelazan poesía y disquisiciones existenciales, las penumbras de los cabarets de entreguerras, los ecos del movimiento “Ez dok hamairu” –aquel en el que participara Laboa junto al escultor guipuzcoano Jorge Oteiza– y las incertidumbres de un mugalari de recuerdos. Un trabajo consistente, lacónico e imperecedero. Simplemente un must . Miguel Angel Sánchez Gárate |