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SECRET MACHINES. SEPTIEMBRE de 2005 Hay Algo en el Agua de Texas .
Sepultado entre la marea de lanzamientos, poca oportunidad se le ha concedido al estreno de Secret Machines, Now here is nowhere . Es la suya una propuesta ambiciosa, congraciar innovación y reconocimiento, hacer legible y rentable una caligrafía demasiado abrupta para la cartilla pop , que defienden con uñas y dientes desde la modestia. Ya vendrán los ataques, ya. Restan aún más de siete horas para la apertura de puertas, pero al menos un centenar de chavales hace cola y reserva sitio en el acceso a la sala. Oasis presenta nuevo disco, Don't believe the truth , con una única fecha en España. El papel se agotó en dos horas, y la creciente multitud espera ya con impaciencia a los Gallagher. Desde la lejanía, y ante un café bien cargado, la mirada de Benjamin Curtis no evita cierta sonrisa. Su banda, Secret Machines, es la encargada de abrir fuego esta noche. “Hemos hecho cosas más raras en el pasado, telonear a Chemical Brothers, por ejemplo. Al fin y al cabo, Oasis no dejan de ser un grupo de rock” . Junto a su hermano Brandon – “pregúntales a Oasis lo que es tener una banda con tu hermano” , dice entre risas– y Josh Garza, él contempla con satisfacción el presente que disfrutan y afronta con esperanza el futuro que les aguarda. Cansados de los vetos impuestos a sus aspiraciones, emigraron desde Texas, donde se habían fogueado en varios combos punk del circuito local, a New York en busca de la oportunidad de sus vidas. Ésta llegó el año pasado, circundada por la vorágine de acontecimientos y la fractura nacional que provocó el proceso electoral y la subsiguiente reelección del actual inquilino de la Casa Blanca. Indirectamente, Now here is nowhere , su debut, es producto de ese caldo de cultivo: “No hay nada concreto en ninguna dirección pero muchas de las canciones apuntan a lo que pasaba cuando lo grabamos. De un modo sutil y muy personal, como encerrarte a ti mismo para tratar de comprender lo que sucede. Somos sensibles a lo que pasa, claro” . Muy llamativo, de entrada, resulta el sonido logrado: potente, prístino y un tanto artificioso, lo que podría inducir a pensar que hay gato encerrado. Curtis reconoce, sin embargo, que ellos tres fueron los primeros sorprendidos. “Intentamos apuntar en el disco lo que somos en directo, tratando de capturar ese sonido. Estamos un poco asustados de lo bien que quedó porque quizá ahora no podamos tocarlo así de nuevo, es muy difícil tocar lo mismo dos veces” . Es Now here is nowhere un poderoso tiento a los descubrimientos rítmicos de la vanguardia rock alemana –Can y Neu, especialmente los segundos– pero desde un prisma mucho más convencional: “Tratamos de mantener la esencia de un grupo tocando dentro de una habitación, algo muy inmediato, pero a la vez queremos desarrollar ambientes sin hacer nada que distraiga la atención de la canción, eso sí. Es sólo rock and roll y algunas veces eso es todo lo que necesitas. No creo que eso sea pretencioso, es un ritmo de batería, dos acordes y algunas melodías, si eso es pretencioso, entonces cualquier tipo de música puede serlo” . Su principal baza reside ahora en el crédito, ese voto de confianza que Mars Volta han ido dilapidando exceso tras exceso, pero adolecen de lo mismo que ha impedido a Six by Seven romper: una acuciante falta de carisma. Más nombres propios, y coetáneos –que levante la mano quien no haya pensado en Flaming Lips al escuchar “The leaves are gone”–, para enmarcar correctamente la propuesta del trío tejano: “No hay muchas bandas nuevas de las que me sienta cerca musicalmente. Spiritualized,…Trail of Dead o Interpol son serios en lo suyo y me gustan pero… Lo de Mars Volta es distinto, intentan llevar la música a otro nivel, aunque no tenemos mucho que ver con ellos. También son de Texas, hay algo en el agua de allí” , concluye sonriente el guitarrista. José Durán
Secret Machines Now here is nowhere . Maverick/Warner
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