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VIAJAZZ 2005

Del 5 al 9 de julio. Campo de fútbol de Collado Villalba (Madrid)

Aunque de jazz empiece a quedar poco más que el nombre, la tercera edición de Viajazz, en la localidad serrana de Villalba, ha sido la que en líneas generales ha ofrecido mejores resultados de las celebradas hasta ahora. En la primera jornada, el veterano Pedro Ruy Blas centró su actuación en su trabajo más reciente, con recreaciones más o menos acertadas (bien en la rotunda “Sixteen toons” o en “Black is black”, no tanto con “Mediterráneo”) de clásicos de la música popular de las últimas décadas; arropado por una banda notable (entre otros con Horacio Icasto y Bob Sands), consiguió escapar del peligro de convertir su concierto en una sofisticada verbena, aunque acabara cediendo puntos en su afán por ejercer de crooner y rescatar temas de la edad de oro de los musicales. Luego, Dianne Reeves completó una noche consagrada al jazz vocal con un concierto muy serio y también algo distante, en el que lo mejor fueron los matices africanos con que redondeó algunos de sus temas. El miércoles 6 se abrió con la presencia de Jorge Drexler , tocando en casa (desde hace años vive en El Escorial, a sólo 15 kilómetros) y convenciendo con su pop distinto y su revolución tranquila: brilló en la “Milonga del moro judío” y también en “Llueve”, y aunque los recursos electrónicos no fueron más que adornos, convenció de nuevo –acompañado por el también uruguayo Martín Buscaglia– tirando de ritmos propios (el candombe de “Tamborero”), hasta completar una actuación con mucho encanto que le reivindica como un Jackson Browne latino en toda regla. Eso sí, la gente esperaba a Carlinhos Brown , convertido en reclamo mediático del festival y que, efectivamente, puso al público a bailar a ritmo de samba, para acabar con una multitudinaria “Maria Caipirinha”, ejerciendo de maestro de ceremonias para 3.000 personas entregadas de antemano; como espectáculo, irreprochable, aunque en el fondo se eche de menos un poco más de riesgo en el de Salvador de Bahía, que, ya puestos, podría aprovechar el evidente tirón que tiene para mostrar algo más de la música brasileña; en definitiva, nada que no hubiera hecho hace unos años. El jueves, a Terry Callier sólo le vi media hora, y de verdad que es una lástima, porque transmite una serena y poética felicidad, demostrando una vez más por qué es uno de los grandes nombres del soul de los últimos tiempos, arañando en las raíces del folk y templando los ánimos antes de que entrara en escena Brian Wilson ; casi desorientado, cansado, dejándose llevar por una banda que interpreta con todo detalle los temas de los Beach Boys, cantando unas veces y levantando la mano derecha otras, y aún así obrando el milagro de hacer que su concierto no fuera un simple auto-homenaje. Con un repertorio como el suyo (“God only knows”, “Wouldn't it be nice”, “Barbara Ann”, “Help me Rhonda”, “Good vibrations”...), la hora y media que estuvo sobre el escenario fue una apelación a la nostalgia, pero también un magnífico regalo para el festival en forma de algo tan sencillo como el pop. En la recta final de Viajazz, el viernes fue el turno para Gilberto Gil y Marianne Faithfull ; el primero, echando mano del tropicalismo con una actuación generosa, desenfadada y en la que pasó por el filtro de la música brasileña clásicos de todo tipo, confirmando que, antes que otra cosa (por supuesto, también que ministro de Cultura en el gobierno de Lula) es un magnífico intérprete. También lo es Marianne Faithfull , que alcanzó sus mejores momentos cuando recordó su etapa como musa de los Rolling Stones, mientras que por lo demás dominó una cierta frialdad a la que sólo se impuso en ocasiones la determinación de su voz y la madurez de una belleza que ha ganado enteros con los años. Y el sábado 9 de julio, después de la saxofonista Candy Dulfer y de Roger Hodgson , ex vocalista de Supertramp, fin de fiesta con los Blues Brothers , repasando estándares del género y haciendo que, sin alardes pero con efectividad, el festival se cerrara con un buen sabor de boca. Enrique Peñas

 

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