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Revolver. 31 de Marzo Lydia Lunch merece todos los respetos, como bien demuestra el patio de butacas: modernos, culturetas, punkies y siniestros. Su halo quejumbroso, agresivo y sexual, ha cautivado a generaciones de inconformistas. También los merece por el narcótico y taciturno Smoke in the shadows (2004) su reinvención en clave jazz y hasta hip hop. Y aunque su concierto no ofrezca la locura de antaño, su propiocepción y su verborrea a voz en grito sigue impactando. Empezar con “The Spy” y acabar con “The End” (The Doors) confirma los paralelismos entre Lunch y otro exhibicionista histriónico como Jim Morrison. Su espectral envoltorio cabaretero de la autodestrucción diabólica y su clásico desafío y provocación al espectador permanecen. Le acompañan elegantes miembros de Gallon Drunk y su pareja, un guitarrista que conecta con los Sonic Youth más arties . Y, logros musicales aparte, consigue una escenificación de lo absurdo, de los efectos de la vida, de lo animal… de lo que no estamos acostumbrados a ver sobre un escenario. Jose M Gallardo
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