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BRUCE SPRINGSTEEN (Reediciones y Recopilatorios)

Born to run. 30th Anniversary Edition

ROCK

Sony BMG

 

En el reciente VH1 Storytellers (ver Novedades 141) dice Springsteen a propósito de “Thunder road”, el tema que abre Born to run (1975), que supone “una invitación”. Una invitación a todo aquel que quisiera escucharla, pero también un estímulo que el de Nueva Jersey se imponía después de dos álbumes correctos aunque lastrados por el localismo y los titubeos de un discurso pendiente de consolidación: Greetings from Asbury Park y The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle , ambos editados en 1973. Para Springsteen, por aquel entonces un chaval de apenas 25 años, Born to run era el disco de la verdad. También para una E Street Band todavía en construcción que, tras el titánico esfuerzo que supuso su grabación, salía reforzada y plena de anticuerpos, solidificando las bases de una formación (Max Weinberg, Roy Bittan, Garry Tallent, Danny Federici, Clarence Clemons y Stevie Van Zandt) que se completaría con los años (más tarde llegarían Patti Scialfa y Nils Lofgren) y que, desde entonces, es leyenda viva del rock.

 

Esta lujosa reedición –una caja que incluye el álbum, un interesante documental sobre la tortuosa gestación del mismo, un concierto de la época y un extenso libro de fotografías– vale más de lo que cuesta. En primer lugar porque recupera una filmación todavía inédita, la de su concierto en el Hammersmith Odeon londinense en noviembre de 1975. En dicho DVD encontramos al rockero y sus muchachos rozando la posteridad con los dedos, todo carisma, inyectando energía a las nuevas canciones de un repertorio abierto en frío por “Thunder road” pero que gana temperatura por momentos: “Tenth avenue freeze out” calienta; “She's the one” quema y “Born to run”, acelerada, echa chispas. En el ecuador del mismo, los 17 minutos de “Kitty's back” hacen cima expresiva y preparan al oyente para el desfile final, con clásicos de su primera época, como “Rosalita” o “4th of July, Asbury Park (Sandy)”. El segundo DVD, el del documental, apela al punto de vista del protagonista (el jefe nos lleva de paseo por su barrio, en su buga) pero hace partícipe de la epopeya a todos los secundarios, incluidos productores, ingenieros, componentes (pasados, presentes y futuros: de Nils Lofgren a David Sancious; de Ernest Carter a Max Weinberg) y personas de confianza: la tarea de su mano derecha, Jon Landau, se explicita y se subraya durante toda la película. Al remate, la versión facsimilar del álbum en formato CD y con sonido remasterizado, con las ocho joyas que hicieron de él leyenda, insuflando en el oyente esa euforia del que está dispuesto a afrontar la vida en plenitud, consciente de que el viaje merece la pena más allá de los resultados. De que lo verdaderamente importante es intentarlo. Sí, el Sueño Americano hecho carne en cuarenta minutos llamados a la eternidad. Tiempo habría para que su enfrentamiento en tribunales con el productor Mike Appel –que supuso un parón de tres años en su actividad por imperativo judicial, con los royalties de Born to run como ruido de fondo– desembocara en una malencarada y magistral trilogía – Darkness on the edge of town (1978), The River (1980) y Nebraska (1982)– sobre las pesadillas que dicho sueño es capaz de engendrar. César Luquero