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Disturbio
“¡¡¡Un, dos tres, escupe rock’n’roll!!!”. Así comienza el segundo álbum de Disturbio, formación de Salvatierra que parece haberse afincado como uno más de los grupos identificados con el productor Carlos Creator. La frase de marras no es sólo una declaración de intenciones, sino la tónica descarada de su nuevo trabajo. Si en “Sólo jugamos si ganamos” (01) el grupo se tiraba al barro del rock contundente y el punk eficaz y directo, en “Pólvora” todo el álbum está dominado por el rock’n’roll de corte clásico. Y es rock sin concesiones, tocado con discreción pero con la adrenalina pasada de vueltas. Aquí surgen por doquier estribillos pegadizos, guitarras abrasivas y bases rítmicas de alta velocidad, todo consumado con ejercicios melódicos que puedan ser alcanzados por un vocalista que ni siquiera sueña con cantar ópera. Lo de Disturbio es música de bar, de noches alargadas y de volumen controlado, banda sonora para el mini y el calimocho, apertura ancha para el movimiento de los pies y el vaivén cabezón de arriba a abajo. En esta ocasión recuerdan tremendamente a los primeros Barricada, grupo que, al igual que Reincidentes o La Polla, es claro referente de lo que exhibe el cuarteto. Abundantes coros, escuetos solos y arreglos de acople que consiguen terminar las canciones en disparos certeros, piezas efectivas y dejes pegadizos. La producción de Creator colabora enormemente para empastar todo lo ofrecido y sonar como un verdadero cañón. Ni es nuevo ni lo será nunca, pero funciona cuando se expone con el esmero justo y con el trabajo bien hecho. La mejora de la banda es considerable y habrá que empezar a tenerla en cuenta de cara a un futuro no muy lejano. E.P.
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