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Deep Purple + Status Quo + Cheap Trick Palacio Vistalegre. 17 de julio de 2004.
El grupo (o la empresa, que en este caso es lo mismo) sigue valiéndose de un repertorio ineludible (“Highway star”, “Strange kind of woman”, “Woman from Tokyo”…), pero si antaño dichas piezas no eran sino el soporte de carismáticas improvisaciones hoy no son sino una gramola con peticiones del oyente. Cuando Morse toca la guitarra se debate entre clavar los solos ya grabados e introducir algún pasaje de Mozart; Airey, por su parte, asume su papel de chico de verbena y, tras empezar con Rachmaninov en su solo, se paseó por Rodrigo y Falla para terminar con el chotis “Madrid” de Agustín Lara: un suplicio. Deep Purple fue, en su día, uno de los mejores representantes de la fusión entre el rock duro y la música clásica; hoy es un retrato ajado que busca las palmas fáciles y sin la mitad de talento. Cosa bien diferente se puede señalar de Status Quo (en la foto). Bajo su nombre siempre han estado activos sus miembros más relevantes y consistentes: Francis Rossi y Richard Parfitt. No es de extrañar, entonces, que su vitalidad se mantenga al alza y que sus conciertos sigan teniendo el mismo carácter festivo y divertido que el grupo se propuso incentivar desde finales de los años 60. Lo de Status Quo carece del talante intelectual de Deep Purple, evita el virtuosismo y cede ante las canciones de tres minutos creadas para el baile: composiciones que no necesitan ni requieren culto a la personalidad, que se aguantan por sí solas y que se ven reavivadas cada vez que se interpretan. Piezas como “Whathever you want” o “Rockin’ all over the world” ponen cualquier recinto bocabajo sólo con su primer riff. Cheap Trick era el convidado molesto, la banda ilustre que, sin haber pasado por España, aún estaba en la memoria de los seguidores más veteranos. Eso supuso que tocaran ante un público menos numeroso, más calvo y con una edad media mayor. Lo asumieron con naturalidad y se esmeraron; lanzaron su repertorio y se movieron como gimnastas. Muchas de sus canciones apenas eran reconocidas, pero las exponían con entereza y en buena forma. Mostraron, como Status Quo, una manera de disfrutar el rock en la que la diversión es la primera premisa. En resumen, la larga tarde-noche de Vistalegre dejó resultado desigual y dio gusto a todos. El público, bien numeroso, disfrutó con avidez en cuanto le dejaron y sólo sufrió (y mucho) cuando en las barras se agotaron (temporalmente) las existencias de cerveza. E.P.
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