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Bob Dylan Alcalá de Henares. 14 de julio de 2004.
Dylan apareció en Alcalá en honor de multitudes y no era para menos: 12.000 entradas vendidas y la taquilla aún funcionando, un recinto enorme al que se le intentará dar mayor uso después de este evento y una organización que supo conjuntar sin jaleos el petardeo propio de estos eventos (ministras incluidas) y la comodidad del público “de a pie”. El de Minnessota, por otro lado, lo puso bien fácil: su espectáculo se limita a salir, cantar y largarse; no es de los que tira del vídeo, de bailarines o de fuegos artificiales. Probablemente sea eso lo mejor de Dylan en la actualidad: intentar llevar un concierto de granero a recintos gigantes. No lo consigue (más allá de la fila cincuenta no es más que una albóndiga escondida detrás de un piano), pero… En lo musical, el padre del folk rock estuvo en su línea, con reversiones sobre sus clásicos y con abundante material que no se le ha podido escuchar en otras giras. El hecho, curiosamente, sorprendió al público, gran parte del cual era del que gustaba de oír en directo las canciones tal y como las había aprendido hace treinta años. “She belongs to me”, que sonó en segundo lugar, apenas recordó a la cantinela infantiloide que era en origen, y “Watching the river flow”, por poner un ejemplo, se “contaminó” con pasajes musicales de “The ballad of a thin man” dejando a ésta con un formato de lo más peculiar. Clásicos hubo porque tenía que haberlos (“Highway 61”, “Boots of spanish leather”…), pero muchos menos de los que se podían esperar. No fue hasta los bises cuando Dylan lanzó tres temas (“Don’t think twice, it’s all right”, “Like a rolling stone” y “Al allong the watchtower”) que sacaron la nota nostálgica al personal, y eso solamente a quienes pudieron reconocer las canciones tal y como se plantean en la actualidad. El grupo que acompaña actualmente al viejo Bob (Tony Garnier, bajo, Larry Campbell y Stu Kimball, guitarras, y George Receli, batería) es de ésos a los que se puede dejar funcionar con autonomía. Dylan lo sabe y coloca en sus conciertos mucho más contenido instrumental que el que nos tenía previamente acostumbrados. No es mala idea a tenor del resultado, ya que si hay algo que falla en sus conciertos es su voz: siempre ha parecido un camello que canta por la nariz y eso es una de sus principales características. E.P.
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