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Sellos punk. Septiembre de 2004. Una cuestión de principios No son discográficas al uso. Los sellos que se especializan en el punk incluyen en su filosofía de vida algo más que la mera estética o el gusto por un determinado género musical. Funcionan por debajo, presumen de mantenerse en un mercado underground y llegan a un público que otro tipo de compañías ni siquiera valoraría. En un período relativamente corto de tiempo hemos visto desaparecer del mapa a tres marcas muy vinculadas al punk independiente y muy consolidadas tras años de trabajo: Illa, Tralla y Oidland. Sabes que los motivos de estas bajas empiezan con las palabras “crisis por la piratería” y que siguen con las de “los esfuerzos no han sido recompensados”. Por lo tanto, empezamos con malas noticias este repaso a los sellos punks estatales, a ésos que, con vocación “do it yourself”, trabajando alejados de los canales comerciales oficiales y con un cierto hálito artesanal, han lanzado miles de referencias desde que la escena punk lo es en verdad. En el otro plato de la balanza encontramos a marcas menos subterráneas que han nacido y van creciendo, etiquetas independientes con poderío, sellos como Maldito, Locomotive, Santo Grial o Zero que guardan en su catálogo un hueco para sacar, además de otras cosas, a bandas de raíz punkarra. A las multinacionales simplemente las miraremos de reojo dado que, como a todo, se apuntan al bombardeo punk por mero afán mercantilista.
La variedad, la obstinación: el crisol del punk ibérico
Desde Zaragoza, el sello Bazofia publica a bandas exclusivamente punkies, pero se centra en grupos con sabor a imperdible ibérico, como Cocadictos, Los Biolentos, Los Secretas o Kánzer de Eskroto. Son una diminuta factoría donde cuenta, sobre todo, el corazón punk, ése que funciona a golpe de reducidas tiradas y fanzine. “Todos nuestros discos se van vendiendo bastante bien en una escena en la que hay de todo: gente muy buena con su sello y mucha gilipollez”, dicen. Grita o Muere, de Barcelona, ha editado recientemente a Eskupe, Kartón de Vino, Kako y Elektroduendes y lleva en activo desde el 99. Alejo, su responsable, es de quienes apuestan por la forma de trabajo alejada de lo convencional: “sacamos una maqueta a Kartón de Vino y el dinero lo fuimos reinvirtiendo, en plan háztelo tu mismo. Sabíamos que nadie se interesaría más que nosotros por hacer las cosas bien”. Del mismo modo, nos dice cómo aprendió el oficio discográfico: “fijándome en cómo funcionaban los sellos punk más cercanos, como Fuck the Bastards, Intelectual Punx o El Lokal, y entrando en contacto directo con otros sellos para pedirles material o para intercambiar”. Y es que, a la hora de hablar de “etiquetas especializadas” lo primero que se le puede pasar a uno por la cabeza es si su aparición es posible. ¿Existe realmente mercado en nuestro país como para que alguien se ponga a editar a bandas que, con casi total seguridad, nunca podrán tener respaldo en los medios y funcionarán casi siempre dentro de un pequeño circuito alternativo? Luismi, desde el sello Odio y Rabia, nos muestra el volumen que ocupa en ventas este tipo de material: “De cada edición que sacamos normalmente editamos 1.000 copias, en la mayoría de casos coeditadas con otros sellos y distribuidoras. No son demasiadas, pero hay que tener en cuenta que no usamos canales ni tiendas comerciales en su distribución y venta”. Odio y Rabia ha sacado este año discos de Intoxicados y Cientiros (comparten CD), Grupo de Riesgo y Kostra Nostra. “Cualquier sello se está dando cuenta de que las ventas han caído bastante desde hace unos tres años”, continúa. “Un factor importante ha sido el euro: desde que llegó, el nivel de vida ha subido bastante mientras que los sueldos siguen igual o peor con trabajos cada vez más precarios y temporales”. Un modo que siempre han utilizado estos sellos para poder difundir su música con facilidad es ajustar enormemente el precio de sus grabaciones, algo que, con el tiempo, se está poniendo complicado. Fernando, de Potencial Hardcore, apunta que “cada vez los presupuestos que puedo ofrecer para grabar son más bajos; las ventas se han reducido en un sesenta por ciento, así que no puedo invertir más. De vender 10.000 copias hemos pasado a 4.000, y eso reduce las posibilidades de gastar en todo: publicidad, estudio… Nuestros grupos son de los que suele vender unas 3.000 ¡Imaginad los presupuestos!”. Cristóbal BKT, de Maldito, añade que, en su caso, “apostamos por dar más calidad en los discos aunque tengamos que subir algo más los precios. El precio medio nuestro es de diez u once euros por disco, pero nosotros no somos distribuidora ni vendemos directamente, y eso es una putada: se lo tienes que vender a una empresa, ésta a la tienda y ésta al publico. Cada parte anterior se queda un porcentaje y, para que no se dispare el precio, nosotros nos quedamos con unos tres o cuatro euros para hacer todo. Cada vez es más difícil no palmar sacando discos, pero… es lo que sabemos hacer”. Fernando hace notar, además, que en la actualidad son muchos los grupos que ya eximen a la compañía de financiar la grabación: “llegan con el master hecho y, si no, entre grupo y sello apañan la forma más viable de grabar el disco y publicarlo”. Los discos tienen que salir: no al estreñimiento, mueve el culo Las marcas que siguen editando en la actualidad lo hacen con pies de plomo y algunas de ellas se apoyan en labores de distribución para salvar el escollo económico. También son muchas las que organizan conciertos a sus grupos y pulen su material vendiéndole directamente al público en esas citas tratando de dar forma a un “circuito punk”. Otras se alían entre ellas para poder tirar adelante con proyectos de grabación y edición, se intercambian material y buscan ventas a través de los portales de Internet. El modo de distribución más convencional que siguen es ofrecer su material a través de la cadena de tiendas Tipo. Hay que tener siempre presente que, en la mayoría de los casos, la grabación y distribución de este tipo de bandas no busca un lucro económico: Eguzki Banaketak de Pamplona, DDT de Bilbao o Radio Bronca de Barcelona editan discos a grupos punk alternativos como una actividad más de su radio libre. “Como sello, lo que sale en dinero es para la radio, para los gastos de su autogestión. Para los grupos es una forma de colaborar con nosotros”. El panorama y la exigencia de trabajo que requiere esta actividad para obtener, finalmente, bien poco, hace que cada vez menos gente se plantee inmiscuirse en ello. Fernando apunta que “el relevo es inexistente. Los chavales consumen, pero se quedan ahí: no hacen cosas, no organizan, no se mueven, y eso provoca que todo se estanque, que no se creen cosas nuevas. Eso fue lo difícil que nos tocó hacer a nosotros: montar una infraestructura con esta música que ahora no se continúa o se continúa por otros derroteros más lucrativos”. Y es que, como añade Miguel, “el mercado no distingue entre estilos y estéticas. Si algo vende, rápidamente lo ponen al servicio del consumidor y lo envuelven con el papel del color que quieras. Nuestro objetivo es crear un mercado alternativo al mercado capitalista en el que las relaciones sean más humanas, cercanas y económicamente justas, y en eso andamos poco a poco. También es cierto que nos hemos aprovechado (¿o se han aprovechado?) del mercado convencional debido a nuestra incapacidad de llegar más allá”. ¿Es posible el mercado del que habla Miguel? Desde el colectivo Mala Raza, garantía de total confianza para punks contestatarios, señalan que “el punk no se vende en el mercado. Allí sólo van los mercaderes, no los punks”, pero luego añaden que las ventas de cada una de sus referencias no suele pasar de las 1.500 copias colocadas. En estos meses han lanzado el disco de Karpaven Attack y otro compartido entre Disface y Criatura.
El hecho, lógicamente, lo sufren unos más y otros menos. Por ejemplo, desde El Lokal nos cuentan que “el disco editado por nosotros con mayor número de copias vendidas es el ‘Nuevos héroes del rock’ de The Kagas, con 21.000 copias. De Banda Jachis y del ‘Apología de lo evidente’ de Disidencia llegamos a las 12.000 y con el último de M.C.D. llevamos 7.000. Estos cuatro discos han sido coeditados junto con Potencial HC, sello con el que nos une una estrecha amistad y entendimiento. El tema de las ventas, en nuestro caso, es hasta cierto punto irrelevante; no tenemos que soportar ninguna macro infraestructura que nos obligue a estar pendiente de ellas ni editamos a los grupos según previsiones. Anteponemos la relación personal y el trabajo colectivo a las cuestiones mercantilistas. Tendremos mayor o menor acierto, pero no tenemos la intención de reconvertirnos en algo que ni somos ni queremos por vender más o menos”. Ritxi, desde Oihuka, una discográfica cuya historia (y empecinamiento) se puede comparar a la de Gor en términos muy generales, nos cuenta su versión: “El mercado industrial discográfico está bajando día a día. Los rescoldos punk funcionan, pero en un margen alternativo. ‘Salve’, de La Polla Records, es uno de los discos más vendidos junto con el primero de Kortatu. Las cantidades que se han vendido de ellos sobrepasan el disco de platino, pero ahora… la media está en 2.000 discos”. Oihuka ha sacado últimamente una línea punk cargada de actualidad, con Bad F-Line al frente, y, en una franja más clásica, a NOK. Fernando, por su parte, comenta desde su tienda situada al lado del Puente de Vallecas que los mejores discos de su historia como sello han sido los de Sin Dios: “Alerta antifascista” y “Guerra a la guerra” llegaron a vender 18.000 unidades. Otras referencias importantes en su catálogo han sido “Los pobres no tienen patria” de Los Muertos de Cristo (12.000), el álbum en directo de esta misma banda (10.000) y el reciente trabajo de Non Serviun (“4.500 copias y subiendo”). A la hora de mirar el todo común, Luismi, de Odio y Rabia, lanza su propia conclusión: “Pienso que va un poco por temporadas y por zonas. Ahora mismo creo que hay un montón de bandas, y muy buenas, pero no suelen durar mucho. Para que un grupo tenga continuidad hace falta tiempo y dinero. También me da la sensación de que la gente no aprecia a los grupos de ahora del mismo modo que idolatra a los grupos de los 80”. Cristóbal BKT añade que, “si vemos la música punk como música, tenemos el derecho y el deber de darlo a conocer, pero el terreno mercantilista abarca todo: todo cuesta, todo vale. Así es la puta sociedad y eso no lo ha inventado nadie de la música: es así, guste o no. Todo el mundo está de acuerdo en que es mejor que el precio de los discos baje, pero el problema llega cuando los costes de esos mismos discos suben: tienes que terminar subiéndolo tú y no se hace por gusto: es un tema de matemáticas”. Reediciones: back to the rotten bone Un tema diferente al del lanzamiento de discos nuevos es el referido a las reediciones. Curiosamente, como pasa en otros sectores musicales, la demanda de material antiguo empieza a ser, en algunos casos, considerable. Ritxi, de Oihuka, sello que puede presumir de un sabroso catálogo, comenta que “la reedición, al fin y al cabo, fue traer al formato CD los vinilos. Ahora se pasa al DVD: es algo natural adecuarse a los tiempos. Se trata de que el disco esté al alcance de todo el mundo y siempre”. En otra esquina de este apartado se encuentra Iñigo, del sello Munster, una marca muy especializada en hacer precisamente lo contrario de lo que Ritxi apuntaba: mantiene el formato vinilo y publica réplicas de incunables del punk patrio, obras imposibles de cazar a no ser en caras subastas (recuerdo la impecable caja que sacó con material de Parálisis, TNT, Decibelios o Desechables y, en general, el catálogo de sus dos últimos años). “Esas reediciones se venden”, comenta Iñigo, “aunque son un capricho. Lo que pasa es que los precios de esos discos originales son exagerados y mucha gente los quiere tener; ahora es la segunda oportunidad para hacerse con ellos”. En suculentas próximas entregas, Munster tiene entre manos editar la primera maqueta de Siniestro Total, la discografía completa de La Familia Real y algo de Toreros After Olé. Ambos sellos hablan de los buenos contactos que hay que tener para hacerse con los masters originales. Iñigo, que cifra las ventas de estas reediciones en números cercanos a las 1.000 copias, incide en que “se trata de negociar con los propietarios de esos masters, sellos como Dro o Nuevos Medios, aunque en ocasiones son los propios grupos los que tienen el material”. “Los discos buenos y míticos siempre se seguirán vendiendo, siempre habrá interesados en poseer la memoria histórica del punk de aquí. Además, nos viene bien para disimular el bajón de ventas con los CD nuevos que publicamos”, concluye Ritxi. Turrón & Babas Introducción: Punk, la dichosa palabrita
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