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• Gérmenes. El cuarto trabajo de los sevillanos, “Mar etílico”, apareció a principios de año y en él afianzaban eso que tanto les gusta: mezclar el punk con el rock urbano, con el marchamo y el pulso que han ido aprendido de Reincidentes (Fernando Madina les ha producido en alguna ocasión), La Polla o Extremoduro. Comienza a aflorar el callo. Hachazo • Horda Bastarda: Grupo formado por veteranos miembros de otros grupos de la escena hardcore madrileña, como Versus, Like Peter at Home, Kausa de Alarma o Moho. Su estreno discográfico, “Old skull”, es una exposición de hardcore punk de toda la vida, canciones de un minuto a la manera, tanto de lo que era el hardcore estadounidense de los ochenta de Black Flag o Minor Threat como de la propia “escuela casera”. De hecho, en la canción “Vuelta al 93” rinden homenaje a las primeras bandas de hardcore madrileñas. • Inadaptats. En su nuevo disco, “Homenatge a Ovidi”, el quinteto hace un tributo al cantautor, actor y poeta Ovidi Montllor (1942-1995). Irónicos desde siempre con el estereotipo punk, son quienes mejor representan, junto a Kop y a Speereth, la concienciada y abierta escena del punk catalán. Sabedores de un discurso coherente y articulado, Alex (voz), Xuta (guitarra), Bull (bajo y voz), Thrashoo (guitarra y programaciones) y X-Cholbi (batería y voces) construyen canciones urgentes y vitales donde se masca la rabia, cuidando el himno y el desgañite. Suenan convincentes y saben tener sanas dosis de humor musical, practicando igualmente el ska hipervitaminado y adentrándose sin complejos en rapeos o funkiletadas. Y son más de diez años… • INRI. Son del norte combativo, del que bebe del rock radikal vasco. Quizá por eso, su CD lo ha producido Pako, de Eskorbuto. Lleva por título “Diskordia zibil” y es todo un ejercicio de punk oscuro y dislocado. • Jon Iturbe. La mezcla del glam con el pre-punk neoyorquino. Con un pie en Bowie y el otro en Johnny Thunders, este hombre de gallitos a lo Richard Hell y fulares “richardianos” comanda a sus Ganstars con ensortijada mano. En un reciente bolo en el Gruta 77 se hizo con los Mermaid el “LAMF” de Thunders de pé a pá. Eso es mimetismo.
• Kuarto de Kilo. Desde Hospitalet, punk tan clásico como combativo que lleva en activo desde el 95 y funciona desde la independencia más digna. Ahora sacan su segundo CD, “Piedras contra balas”, y lo hacen con El Lokal. Casi al mismo tiempo reeditan en CD su primera maqueta, “Me importa unos cojones”, con una preciosa portada donde sale la infanta más fea. En sus letras administran piropos para todo el mundo. • La Broma de Ssatán. Hace un par de temporadas este nombre fuerte de la nostálgica serie B madrileña celebraba su 25º aniversario con un disco grabado en directo en la sala Gruta 77. En el fondo, nunca se habían separado; declararon, simplemente, que tuvieron un “stand by” tras la muerte de su batería Pepino. El Goma (guitarra y voces) y el Ixma (bajo y voces) nunca han dejado de tocar en otras bandas. Como curiosidades de este “regreso”, comentaremos que acompañaron en su gira peninsular a Syl Sylvain (guitarrista de New York Dolls) y que en la batería ha estado el veterano Jordi Vila, de los Trogloditas. • La Familia Iscariote. Han participado en repetidos recopilatorios y publicado un CD single y una maqueta titulada “30 monedas”. Anteriormente se llamaban Comando Volquete, son de Valladolid y resaltan por sus incendiarios directos con sección de vientos, malabaristas, percusiones y lo que haga falta para subir la moral al punk. En sus discos, además de rabia, una coctelera con un poco de todo: ska, oi, reggae. Un tacto suave para quienes buscan punk oxidado. La Polla • Las Vulpess. En 1983 editaron el single más polémico de toda la historia del punk estatal. La interpretación del “Me gusta ser una zorra”, adaptación del “I wanna be your dog” de Iggy, les puso en los periódicos (un escandalizado ABC publicó la letra) y el programa de televisión donde aparecieron (“Caja de ritmos”) terminó fuera de parilla. Ellas eran entonces cuatro punkitas bilbotarras (dos de ellas hermanas pequeñas de algún miembro de M.C.D.) a las que, quizás, todo les vino demasiado grande. Veinte años después de la gesta, las chicas (mujeres maduras ya) se vuelven a reunir con la disculpa de hacerle un homenaje a Lupe, la batería fallecida hace unos años, y, casi sin quererlo y ante la demanda popular, se montan una gira de bolos veraniegos al final de los cuales grabarán un disco: ¡por fin el primero!
Introducción: Punk, la dichosa palabrita
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