|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Al trompetista Till Brönner le da por cantar. Octubre de 2004 Cayendo de pie
“Nunca había cantado tanto, pero me di cuenta que, al escribir las piezas para este álbum, lo que estaba haciendo era escribir canciones. A mí no se me ocurrió ponerme a escribir las letras, pero un amigo mío, al que le gustaba eso, me comentó que él podía intentarlo. Hablamos, le conté de qué me gustaría que fueran los textos y los escribió, así que me junté con más canciones terminadas que composiciones propiamente dichas. Decidí entonces buscar un vocalista para que las interpretara en el disco, pero al poco tiempo decidí que sería mejor que las cantara yo mismo dado que, por aproximación, estaba más cercano a lo que decían. Así fue como surgió ‘That summer’ y ha sido una experiencia que me ha gustado mucho. Quizás en mi próximo álbum hago algo parecido: un disco de baladas con vocalistas invitados y en el que yo me centre más en la trompeta”. Till Brönner nació en Viersen hace treinta y tres años y, hasta el momento, ha grabado ocho discos. Era su destino: proviene de familia de músicos y su árbol genealógico está lleno de ellos. No fue extraño, entonces, que comenzara a estudiar en un conservatorio y que se inmiscuyera en la música clásica cuando apenas levantaba un palmo del suelo. Con todo, su futuro no estaba ahí: “Escuchaba jazz en la radio. Mi padre siempre ponía un programa que se emitía los domingos por la mañana. Ahí fue donde, a los catorce o quince años, escuché a Charlie Parker. Noté enseguida que el jazz y mi formación clásica hacían un equilibrio perfecto”, comenta Brönner, un personaje sencillote al que no le importa nada hablar de su vida, algo comprensible si atendemos a lo bien que le ha ido todo. Ganaba premios en competiciones para músicos amateurs y prosperaba en su carrera como trompetista, pero decidió largarse a Colonia para inmiscuirse en el circuito de jazz de la ciudad. De allí pasó a Berlín cuando tenía 20 años y lo primero que hizo fue ser contratado por la Big Band de la radio pública alemana. Desde luego, había caído de pie. “Tenía el trabajo que quería, ganaba un buen dinero y muchos músicos envidiaban mi colocación. Llegado a ese punto decidí que, en lugar de comprarme un coche mejor o una casa más grande, podía invertir mi dinero grabándome un disco”. Y así lo hizo: buscó colaboración por parte de un compañero saxofonista y juntos se pusieron a pensar en su primera obra discográfica. Para ello contaron con Ray Brown y Jeff Hamilton, músicos que, además de colaborar con gusto en el debut discográfico de Brönner, le abrieron un montón de puertas. Una de ellas, y no la menos importante, fue la de Minor Music, un sello que no se lo pensó dos veces para publicar el álbum. Aquello sucedió en 1993 y, desde entonces, la carrera discográfica del trompetista ha alcanzado la cifra de ocho álbumes, entre los que se cuenta la banda sonora de una película, “Höllentour”. “Mis pretensiones no son extrañas: personalmente, creo que un músico siempre puede crear aunque haga algo que ya han hecho otros. De cara al público, sin embargo, sí que quieres ofrecer algo distinto. En mi caso pretendía separarme de la escena jazzie alemana, muy intelectual, y ofrecer un jazz bonito, nada oscuro, de ésos que se pueden disfrutar sin tener que estudiarlo nota por nota. No es que me ponga a componer con unos esquemas predeterminados, sino que mi forma de tocar es ésa. Lo que intento y consigo cuando toco es conocerme mejor, exhibirme ante el público como si me mirara al espejo. Lo que hace un músico es como una especie de streaptease”. Querer no siempre significa poder, pero el caso es que Brönner ha conseguido tener un cierto cartel en el ambiente europeo del jazz, probablemente por esa accesibilidad a la que aspira con su música. Se siente bien, gira con regularidad, lo que le hace acercarse a la felicidad. Entre medias de todo, “That summer”, el álbum que le trae por primera vez a España. “No ha sido algo premeditado, pero si miras mi discografía parece como que intentara hacer cada vez una música más comercial. Nadie me ha obligado a ello ni yo me lo he propuesto, pero a mí me lo parece así. Cuando echo la vista atrás me pregunto algunas veces si no voy demasiado deprisa, si debía meditar más mis discos o si debería espaciarlos más en el tiempo. El caso es que me ha surgido así”. Brönner habla de “comercialidad” refiriéndose a un estilo más sencillo y asequible. De hecho, en su música se evitan los devaneos rápidos y bulliciosos, los solos electrizantes o el swing descarado. “That summer” es un álbum sumamente melódico y sosegado, un disco que difícilmente se podría encuadrar dentro de lo que habitualmente entendemos por “jazz europeo”. “La escena del jazz alemán no está demasiado definida: se mueve entre el ambiente vanguardista y el intelectual. En Estados Unidos, por contra, todo está demasiado estructurado: ‘si haces este tipo de jazz tienes que acoplarte a sus normas: una instrumentación concreta, una sonoridad concreta, una duración concreta en los temas…’ El jazz europeo no es así: intenta hablar un lenguaje propio e interpretarlo con música de jazz; cada músico toma su dirección y se siente identificado con ella”. A la hora de buscar referentes en la música de Brönner salen, evidentemente, los clásicos. Adora a los trompetistas fetiche poniendo por encima de todos a Kenny Dorham, pero en su conversación aparecen con frecuencia mitos como Chet Baker, trompetistas eficaces como Freddie Hubbard o escondidos como Don Fagerquist. El cariño de Brönner por Fagerquist es otra de las circunstancias que ha podido empujarle a probarse como vocalista; el californiano trabajó mucho y bien con gente como Frank Sinatra o Ray Charles. “Lo cierto es que escucho mucho y de todo, lo mismo a Joe Williams que a leyendas del blues como Albert King, Robert Cray o Johnny Copeland. Todo me influye”, añade el trompetista, quien habrá de incluir entre sus gustos los músicos de los países por los que está trabajando últimamente y con cierta asiduidad. “Tengo buenas sensaciones alrededor de mi carrera internacional”, dice. “La música es un lenguaje que se entiende en todos los sitios y cuando viajo a Japón o a España veo que no hay tanta diferencia entre el público que me viene a ver. Recibo gratitud y estoy feliz de poder seguir haciendo lo que hago”. E.P. Till Brönner. “That summer”. Verve
|