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Bergman lanza su tercer álbum volviendo a trabajar con orquesta. Octubre de 2004

El espejo de la lujuria

Hace cuatro años, Xabier Soler, aka Bergman, sorprendió a propios y extraños con la creación de “Inner”, un álbum que se alzó, por derecho propio, ente los mejores discos del 2000. Desde entonces todo ha sido silencio, pero no ocio. El músico catalán vuelve a despertar con “Lust”, un disco en el que amplía lo mostrado en “Inner” dentro de la faceta orquestal.

En “Lust”, Bergman se sirve de la Orquesta Sinfónica de Bratislava y de la académica voz de Uma Pietsch. Otros colaboradores del singular disco son David Carabén, el cantante del grupo Mishima, y el ingeniero de sonido Chris Blair. “Lust” se grabó en los estudios Abbey Road de Londres y parece destinado a ser un paso de gigante dentro de la carrera de este singular artista, cada vez más alejado del pop.

-- Ha pasado bastante tiempo desde que lanzaste “Inner”…

-- “Ese álbum fue una experiencia genial, pero hubo otras cosas, actividades, gentes y países. Algunas públicas, como músicas para películas; otras menos, como viajar y descubrir. Nuestra sociedad prima la especialización: una sola cosa pero a tope. Hemos olvidado el renacentismo. No hace falta hacer una cosa detrás de otra: se pueden hacer una al lado de la otra. La vida es corta, pero la podemos hacer más ancha, y en eso he estado”.

-- ¿Qué era lo que te proponías hacer en “Lust”?

-- “La música se está comercializando demasiado. A veces los grupos se ven obligados a satisfacer las presiones de las discográficas y del mercado y publicar CDs periódicamente. Así, muchos CDs acaban siendo un conjunto de canciones, seleccionadas y metidas en una caja. Raramente descubro más de dos temas buenos y un concepto global. Por esto están proliferando tanto las descargas en internet de canciones aisladas y ya no de obras completas. ‘Lust’ es un experimento, una obra global. El concepto se desarrolló desde el principio pensando en un objeto físico, no en música. Por eso el diseño de la firma inglesa Pentagram es tan fundamental. Ellos piensan que las tapas de un disco son como los créditos de una película; no sólo te aportan datos, sino que se trasforman, condicionando tu percepción de lo que sigue, en parte misma del film. El resultado es una única obra, no una compilación de doce temas. Esto es muy poco comercial y aterra a las discográficas porque te lo juegas todo a una sola carta. Es como si a alguien que está acostumbrado a ver fantásticos anuncios de televisión de cuarenta y cinco segundos le enseñas una película. Está bien, pero puede que piense que va todo el rato de lo mismo”.

-- ¿Una obra conceptual?

-- “La historia de un espejo con dos caras: el protagonista principal (ella) lo tiene todo. Sexo y amor placentero a su antojo, sin tabúes ni complejos. El nada tiene y todo desea. Solo, en un trono, en lo alto de su faro, rodeado de un mar oscuro, vital y espumoso de jóvenes cuerpos entrelazados, anhela lo que imagina a sus pies. Pero pasan las noches y sigue esperando”.

-- Algo que no tiene nada que ver con el terreno musical en el que comenzaste, la música electrónica…

-- “En el panorama discográfico hay mucho de todo, especialmente ordenadores e instrumentos virtuales. Montones de sellos y tendencias electrónicas. Y mientras, no paran de salir nuevos programas e instrumentos. Soy un adicto a investigarlos y me encantan las posibilidades electrónicas que ofrecen, pero de vez en cuando necesito descalzarme y sentir el suelo. Una buena guitarra es lo mejor. Tal vez el próximo disco sea guitarrero. De momento éste es acústico: órganos, bajos, orquesta y voz grabados con una microfonía fantástica y amplificadores de válvulas. Efectivamente, poco efectista”.

-- Vuelves a utilizar la sonoridad orquestal, como en “Inner”…

-- “La orquesta es un instrumento fascinante. Tiene todos los registros (desde súpergrave a súperagudo) y la máxima dinámica (desde un solo instrumento flojo a todos tremendamente fuerte). Cuando de pequeño estudié música clásica sólo podía imaginar los arreglos que escribía y, como mucho, interpretarlos al piano. Ahora me pego el gustazo de saborear la realidad. Además, lo verdaderamente fascinante no es oír la orquesta, sino ensayar y grabar con ella. Dirigir a setenta maestros, cada uno con su manera de entender la música, de forma que suene exactamente como tú quieres. Es un proceso súpercreativo que me pone la piel de punta”.

-- ¿Cómo fue el proceso de preproducción?

-- “Inverso. Empecé el disco contratando los setenta músicos y yéndome allí a grabar la orquesta. No tenia ni ritmos, ni una letra ni una melodía, sólo mis arreglos de orquesta. De hecho, el corazón de ‘Lust’ es la pura música. Luego me fui un mes a Viena a construir las voces con la cantante austriaca Uma Ursula Pietsch. De vuelta a España trabajé ritmos y bajos. Por aquel entonces escribí todas las letras y las trabajé a distancia con Estados Unidos, a través de Internet, con la cantante, que se había desplazado a trabajar varios meses en San Francisco. Los ensayos fueron muy duros porque la obligaba a cantar con un hilo de voz, interpretando de forma próxima, casi susurrante, algo muy difícil para una cantante de ópera. Cuando estuvo todo perfecto se vino y grabamos. El proceso culminó en los famosos estudios Abbey Road de Londres”.

- ¿Cómo apareció la figura de Uma?

-- “Hice un montón de pruebas a muchas y muchos cantantes. La idea original era que el disco fuera en francés y cantado por un hombre desdoblándose (o dos hombres uniéndose). Pero el disco no sólo había de sonar, sino que tenía que tener textura, y Uma supo meterse en el papel mejor que nadie. Sinceramente, creo que su interpretación fue magnifica. Hasta los ingenieros que la grabaron sucumbieron (y se perdieron irreversiblemente…) bajo la seducción que desplegó durante esos irrepetibles días y noches en el estudio”.

-- Entiendo que, trabajando en un terreno tan personal, tus obras tengan complicación a la hora de promocionarse, máxime cuando creo que tu intención tampoco pasa por ponerlas en escena…

-- “En realidad, no son personales en el sentido de experiencias sino de procedencia. Por ejemplo, en el cine, las obras de un director como Kubric son muy personales (como ‘Lolita’, ‘2001’, ‘La naranja mecánica’..). Todas son Kubric, pero ninguna es la vida de Kubric. Para mí la música es verdaderamente alucinógena. Cuando escucho algo que me gusta me dispara imágenes, sensaciones, emociones… verdaderas películas. No tengo ni idea sobre cómo lo puede percibir la demás gente. Recibo e-mails de oyentes sin rostro que me confiesan cosas sorprendentes que asocian o han sentido con mi música. De alguna manera me turba y maravilla por igual. Todos lo perciben diferente y único y eso es lo valioso de la vida”.

-- Quizás es más fácil el reconocimiento internacional. Creo que a ti no te va mal en ese aspecto.

-- “Todo empezó con mi primer disco. El New Musical Express hizo un número especial en el que alarmaba que la industria discográfica inglesa estaba en peligro por la invasión de los nuevos valores europeos. En una doble página dibujaban el mapa de Europa y flechas militares con las banderas de cada país que atacaban el Reino Unido. La selección de grupos de cada país que hicieron fue exquisita. Imagínate mi asombro al ver que de España habían elegido Bergman. Con mi segundo trabajo también ocurrió algo curioso: una prestigiosa web alemana de música escogió Bergman junto con grupos súperconocidos como Massive Attack y se generó un efecto dominó en otras webs similares de Francia, EE.UU., etc. Curioso, porque mi discográfica nunca hizo promoción internacional y en cambio recibían pedidos hasta de Japón. Suerte que internet es todavía un territorio libre”.

-- Una de las cosas que llama la atención en tus discos, aparte de la música, es la ausencia de tu presencia, como si quisieras esconderte físicamente…

-- “Bergman no es tan importante en esta historia. Volviendo al símil del cine, Kubric no sale en los carteles de sus películas: sale Lolita, sale un mono en ‘2001’… La lujuria de ‘Lust’ se encierra no en terciopelo rojo, no mostrando una cara o un cuerpo desnudo, sino en una caja minimalista negra. Pero, cuando la abres, el disco es un espejo (las letras son plata sobre plata) que refleja los deseos del que la posee. Hay muchos artistas que persiguen la fama. Incluso para algunos, la fama es la meta y el arte el medio. Pero hay otros que piensan que la fama puede ser un lastre para la libertad y el arte”.

-- ¿Hay ya próximos proyectos en marcha o “Lust” te ha dejado seco para un tiempo?

-- “Quiero meterme más en el tema de las bandas sonoras. Después de ‘Inner’ he compuesto algunas bandas sonoras inéditas para cortos y es un tema fascinante porque te libera de los clichés comerciales discográficos”.

-- No creo que esos clichés te importen mucho a tenor de lo ofrecido en tus dos álbumes anteriores…

-- “No miro mucho para atrás. Hay poco tiempo y mucho horizonte delante. Pero sí te puedo decir que siempre suponen lo mismo: un momento único, una experiencia irrepetible, un reflejo de ese momento… El reflejo ahora se ha trasformado en espejo, el espejo de tu lujuria”.

E.P.

Bergman. “Lust”. Boa

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