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The Delgados.Noviembre de 2004 The Delgados.Parte de nuestra vida
Superada la exposición al juicio público de una colección de malestares tan tremenda como fue Hate (2002), reflejo de las angustias que les atravesaban entonces, The Delgados regresan con un puñado de canciones que demuestran que eso que hemos convenido en llamar vida escuece, sí, pero no sólo. Y que ellos y ella retratan, como si fuera cosa menuda, el estado de sus corazones con cada nuevo trabajo. Es por ello que Universal Audio (Chemikal Underground, 04), la nueva entrega del cuarteto escocés, parte de unas premisas alejadas de las que inspiraron a su predecesor y obtiene un resultado también distinto. Alun Woodward -una de las mitades pensantes de la formación, la otra es Emma Pollock- lo confirma: “Sabíamos que no queríamos hacer otro disco con el mismo sentimiento de Hate , simplemente dejamos que las canciones surgieran, como si estuviéramos abriendo un regalo sorpresa, y vimos qué pasaba con ellas” . Sus nuevas composiciones, al igual que lo fueran las anteriores en su momento, son cartas geográficas que desentrañan los accidentes orográficos que pueblan la biografía de unos músicos en plena madurez interpretativa y personal y nos sitúan en sus coordenadas vitales actuales. “ Hate fue un disco muy oscuro. Universal Audio es, musicalmente, más directo y mucho más explícito y, en cuanto a las letras, no diría que es más sincero porque Hate también lo era, pero sí es un disco muy positivo mientras que Hate era muy pesimista e irónico. Nunca he planeado escribir un disco feliz, siempre intento ser bastante sincero y no mentir: estábamos felices y por eso las canciones son así” . La diferencia se plasma en un relato al que han despojado de ornamento –no hay rastro de los acompañamientos orquestales que habían devenido marca de la casa; tampoco de Dave Fridmann (The Flaming Lips, Mercury Rev), tras la mesa en Hate - para llegar al hueso. Canciones plenas de brillantez (“Girls of valour”, “Is this all that I came for?”), tensión (“I fought the angels”) y perfección pop (“Everybody come down”, acertadísimo y pluscuamperfecto primer single) en las que la esencia se encuentra en las guitarras, los juegos de voces y un piano. “Es difícil escribir algo más simple y que sea realmente bueno porque si tienes quince instrumentos en una misma canción, lo que hagas con la guitarra va a quedar escondido mientras que en una canción como ‘Everybody come down' todo queda a la luz” . Woodward, encargado de guitarra y voz, reconoce un factor puramente personal – “es todo lo que quiero hacer, nada más” - como motivador para continuar después de cinco grabaciones de alta intensidad emocional y una repercusión discreta aunque creciente, atendiendo de forma natural a sus propias intenciones: “Con cada disco hemos intentado llegar a la mayor cantidad posible de gente. No somos oscurantistas, no queremos vender sólo cinco mil copias, así que hacemos todo lo que podemos para que la gente nos escuche. En realidad, escribimos música que como oyentes nos gusta escuchar y de la que como músicos podemos estar orgullosos, no pretendemos ser artistas o algo así, simplemente es parte de nuestra vida. Quizá la gente que escucha a Beyoncé lo hace porque suena en la radio todos los días. Puede que esté completamente equivocado pero creo que si una canción como ‘Everybody come down' sonase en las emisoras comerciales, la gente nos escucharía” . O, al menos, tendría la oportunidad. Pero eso, amigo Woodward, no es probable; al igual que no parece pertinente –sí justo, tanto como ingenuo- el reproche a los difusores: ya sabemos cómo se funciona y, al fin y al cabo, Internet está a mano e incluso el video de “Everybody come down” se puede ver con relativa frecuencia en una conocida cadena musical. Aún así, la queja se entiende. La búsqueda de una reacción en la audiencia, el tratar de escapar a la indiferencia – “no me importa si no les gusta, lo que queremos es que la gente nos escuche y sienta algo, lo peor que alguien te puede decir es que tu música no le afecta” - y esa conexión con lo cotidiano en forma de canciones son algunas constantes en la trayectoria de un grupo que, sin estridencias ni disonancias desde los planteamientos más crudos y directos de su debut, Peloton (1998), sí ha ido introduciendo modificaciones en un discurso siempre caracterizado por apelar a lo que está bajo la epidermis, por fotografiar el interior, con los riesgos que puede implicar desnudarse de esa manera: “Al principio sentía un poco de miedo o era consciente de que exponía mis sentimientos o mis problemas pero tienes que respetar la inteligencia de las personas que te escuchan. Beyoncé o gente así son bastante cínicas porque sus canciones no tratan de nada, no tienen nada que ver con sus vidas, sólo son productos para hacer dinero y ser celebridades. La gente es capaz de escuchar y entender canciones emocionalmente complejas y para mí escribir música es una terapia con efecto catártico. No es fácil ser sincero, obviamente, porque tratas de tus sentimientos pero es necesario” . Interrogado acerca de la evolución del grupo, reconoce que ha ido pareja a la del gusto de sus componentes y a la asunción del hecho casi irrebatible de que la música es, por si hubiera dudas, parte de nuestra vida. “Cuando empezamos el grupo, escuchaba mucha música estadounidense. Probablemente, mi grupo favorito sea Polvo, y de aquella época también oía a Sebadoh, Pavement, Pixies... Es la música con la que crecí pero también he escuchado mucho punk, música brasileña, tengo un gusto ecléctico. Creo que toda la música te acompaña y te deja huella. Cosas como Django Reinhardt, el folk escocés, figuras como Johnny Cash o Willie Nelson, la música que te rodea diariamente, cuando sales de fiesta, todo está por ahí y es difícil evitarlo. En cuanto al grupo, creo que con los años hemos cruzado el Atlántico y ahora sonamos más británicos” . Woodward, como miembro activo del sello Chemikal Underground –con referencias de Aereogramme, Mogwai o Arab Strap en su catálogo y rastreando con buen tino el panorama novel escocés, “acabamos de fichar a Mother and the Addicts, a pesar de que tenían ofertas de grandes discográficas” - y como seguidor, observa con ojo clínico las repercusiones sobre su localidad natal del ascenso al Olimpo pop de sus paisanos Franz Ferdinand: “Lo único que ha cambiado es que ahora todo el mundo se interesa por Glasgow. La escena musical no ha variado mucho en los últimos siete años y lleva mucho tiempo siendo una ciudad muy interesante. Ahora sellos importantes fichan grupos de allí y eso es muy bueno, claro. Lo que espero es que este interés no haga que los grupos nuevos intenten conseguir un contrato a cualquier precio, vender a toda costa, vestirse como les digan para triunfar. Eso sería lo peor que pueden hacer. No creo que Franz Ferdinand pensaran ‘vamos a grabar un disco para vender un millón de copias' sino ‘vamos a grabar un disco jodidamente brillante'. Y ésa es la idea que los grupos deben tener” . José Durán
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