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Cool Panic
En ocasiones, la mejor manera de definir un disco de rock’n’roll es decir que lo único que tiene es rock’n’roll. Sin más historias: ni gaitas, ni influencias ni adjetivos. Como suena. Lo de Cool Panic es así. Son guipuzcoanos y aparecieron en el 98. En 2001 hicieron su debut con “Made of stone”, pero, por lo visto, apenas salieron un poco más allá de su tierra. Con ésas, este “Soul on fire” se convierte en su presentación oficial, en su puesta de largo. Y el disco ejerce su labor perfectamente. Vocalista femenina totalmente carente de diseño, dos guitarras que la mayor parte del tiempo se doblan y una base rítmica que no concibe otra manera de funcionar que no sea aporreando ritmos binarios. Y, encima, tampoco entienden de velocidades, tempos o paranoias de ésas: enchufan, sueltan la canción y… que la vocalista la pille por donde pueda. Esto es rock’n’roll, no una escuela de música. Lo de Cool Panic te sonará, inevitablemente, a multitud de bandas guitarreras que, en esto del rock, entienden que lo que no se haya hecho ya raramente se va a hacer. Lo suyo pasa de innovaciones, moderneces o estilismos de escenario. Creen en las canciones y sólo las descubren enteras cuando los cinco las han sudado. Es entonces cuando ven que en nada se parecen a lo que creían que iban a tocar al principio. Caña desbordante, intensidad norteña y rock’n’roll añejo, una receta exigua pero alimenticia, como el bocadillo de jamón. La producción de Jorge Reboredo (ex de Nuevo Catecismo) no hace sino colaborar a que esto no tenga freno de ningún tipo. Si acaso, el necesario para respirar, pero poco más. E.P.
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