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Aerosmith

“Honkin’ on Bobo”. Sony. Mayo de 2004

Aerosmith, como los Rolling Stones o AC/DC, es una banda de rock que puedes pinchar tranquilamente en garitos de blues, locales donde, si pinchas a Korn, a Sôber o a Iron Maiden te pueden empezar a llover botellazos pero en los cuales, si pones a los antes citados, tienes el convencimiento de que el público va a recibirlos bien y que, incluso, moverá los pies.

El motivo es obvio: los tres hacen un rock que nunca olvida su parte de blues, que mantiene la esencia negra aunque esté hecho por blancos. Aerosmith ha querido ponerlo de manifiesto en su reciente “Honkin’ on Bobo”. El disco está plagado de versiones de clásicos con los que el grupo disfruta metiendo su particular lectura y subiendo de revoluciones. “Road runner”, “You gotta move”, “I’m ready” o “Stop messin’ around” son algunos de los once temas que la banda recupera del tiempo para, cordialmente, unirlos con una sola canción compuesta por los propios Aerosmith (“The grind”).

El resultado es el esperado: añejo, clásico, propio de un club, ideal para cualquier momento y sin otras aspiraciones que no sean las de reivindicar unas piezas y un género, el r&b, del que estos norteamericanos han bebido desde que aparecieran en la escena. Las guitarras rugen como deben, la base rítmica es de piñón fijo y Tyler canta poniendo su garganta en blanco y negro. A partir de ahí, cualquier novedad que aparezca surge casi por improvisación: el grupo se plantea ser fiel a las canciones, no a los intérpretes que las han popularizado con más o menos éxito. Aerosmith se convierte aquí en un grupo de sala con todo lo bueno que eso puede suponer.

E.P.

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