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Skid Row Caracol. 5 de abril de 2004
La excusa para visitar Madrid, después de casi siete años, era la presentación de su cuarto disco, “Thickskin” (03), primero con el vocalista Johnny Solinger. Con ésas, el concierto se presentaba con cierta expectación pero, sobre todo, con la melancolía de comprobar si los chicos rebeldes continuaban dando guerra. Lo cierto es que los años han amansado a las fieras: pelos largos, pinturas y cadenas han dejado paso a una estética más de tarde que de concierto y, aunque allí estaban los cerebros de la banda (un Rachel Bolan tocando con maestría el bajo y un Dave “The Snake” Sabo intentando mantener con su guitarra y sus caras la gracia y la locura que hizo famoso a este grupo), no se dudó en hacer del concierto un viaje al pasado en el que saborearon las mieles del éxito. Empezaron con sus temas más reconocidos (“Piece of me”, “Monkey bussiness”, “18 and life”) y dejaron claro que, aunque su nuevo vocalista posee labia y voz, queda lejos del torbellino que, en su día, fue Sebastián Bach. Aun así, no todo fue echar en falta; también hubo momentos grandes en el concierto: Bolan, más punky que nunca, no dudo en marcarse una versión de los Ramones (“Pshyco therapy”) que llenó nuestros oídos de sabor neoyorquino y guitarras aceleradas. Tampoco faltaron los momentos dulces con su balada “I remember you”, la cual se repitió dos veces, una de ellas en formato acústico a cargo del segundo guitarrista (pero no por ello peor) Scotti Hill. Por aquello de que presentaban disco tampoco olvidaron tocar los tres o cuatro temas que más gancho tienen de este último trabajo, entre ellos la menos cañera “Ghost” y “Thick is the skin”, la que posee más sabor a Skid Row. Se despidieron con su himno “Youth gone wild” y demostraron que ya no son tan malos ni tan salvajes; o quizá no tan jóvenes. Poco le queda al grupo de su garra, así que… veremos qué les depara el futuro porque no sólo del pasado vive el hombre. Gemma Sanz
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