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Rosendo + Reincidentes Cubierta de Leganés. 18 de marzo de 2004 Los pocos que allí llenamos hueco teníamos ganas de buena música y suficiente presencia. Las cervezas corrían entre la gente y Klepsidra abría los oídos y el corazón de un respetable que, en su mayoría, se mostraba como seguidor a cañón del rockero de Carabanchel por excelencia. Con Reincidentes en el escenario ya quedó algo claro: que este recinto a medio llenar no suena mal, sino peor. Por más que Fernando Madina a las voces se esforzará en “Vicio”, uno de sus himnos, el resultado, tras el filtro de los altavoces, era desastroso. Aun así, como lo importante era moverse y disfrutar, el repertorio elegido por los andaluces estuvo repleto de esos clásicos que hacen que Reincidentes se mantengan en la cuerda sin caer por el paso del tiempo. “Aprendiendo a luchar”, “Jartos d’aguantar”, “¡Ay Dolores!”… fueron coreados por un respetable que se los sabía todos. Mostraron todas las venas de las que este grupo es capaz: la sensible, la rockera y, por supuesto, izaron su bandera punk con la que han demostrado que, junto a unos pocos, como La Polla, ellos van a la cabeza en esta tierra (tan escasamente punk). Para cerrar su actuación (cumplieron con creces su hora y media), y sin que el sonido hubiese mejorado, no dejaron de interpretar el “Balas blancas” que han incluido en el homenaje a Barricada publicado hace unos meses. Dicen muchos medios que “las actuaciones de Rosendo poseen algo en común: el cariño de la gente”; y tienen razón. El carabanchelero lleva casi treinta años dando trabajo a sus cuerdas (como acompañante, con grupo propio y en solitario) y, por muchos discos que saque, sólo consigue captar adictos en cada generación. Pocos son quienes han dejado de seguir a este grande. Ya sea por su sencillez en el escenario o por sus escasas pero acertadas palabras, la realidad es que desprende empatía con su público. Si a esto unes letras punzantes, irónicas, una mirada crítica a la vida (sin olvidar reírse de ella) hermanadas a melodías rockeras, el resultado es un concierto lleno de grandes temas, casi siempre igual pero siempre divertido. Eso sí: por mucho que Rosendo se esforzó el sonido sólo mejoro en parte; un recinto como éste es un caso imposible. No olvidó el enorme lazo negro que coronaba el escenario y la calidad humana que desprende en apariencia quedó certificada con sus palabras: “Han sido días raros y dolorosos, pero no hagamos más sangre. ¡Hay que tirar pa’lante!”. Después, “Puedo ser más eficaz” fue su sincero ”No” a la barbarie gratuita. La gente coreó y pidió temas. A quien le gusta Rosendo es porque lo lleva dentro, así que “Agradecido” no se hizo esperar. Y, como quien bien aprende, no olvidó su pequeño recuerdo a Leño con “Sorprendente”. El madrileño puso el punto y final a casi más de cuatro horas de música en descarga. Este músico incombustible prepara nuevos disco con vistas a sacarlo en navidad y más de uno ya tendrá claro lo primero que va a pedir a los de Oriente. Gemma Sanz
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