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Muse

Palacio de Vistalegre. 19 de marzo de 2004

Con su tercer disco, “Absssolution” (03), este trío británico ha dejado atrás las comparaciones odiosas con otros grupos y la condición de promesa para tener su propio hueco, reconocido ya por los medios pero, sobre todo, por el público, un respetable que no falló en su cita de Madrid, donde la plaza de Vistalegre presentaba un lleno considerable. Los teloneros, The Future Kings of Spain, calentaron un ambiente que ya estaba cargado de impaciencia. Muse no se hicieron esperar y, con puntualidad inglesa, saltaron a un escenario montado a lo grande y con la portada de “Abssolution” como telón de fondo.

Los acordes de “Hysteria” arrancaban los primeros gritos de un público ganado ya por adelantado. En un sitio en el que es difícil que el sonido tenga gran calidad, este grupo sonó contundente y la potente voz del líder y guitarrista Matthew Bellamy se lució en temas como “Time is running out”. Hay que reconocer que el grupo posee calidad musical de sobra y que es algo más que pop: música concebida con aires de vanguardia en la que los riffs metaleros de la guitarra y una atronadora batería (Dominic Howards) son capaces de combinarse con la música clásica del teclado sin perder armonía. Acompañados de una gran escenografía (gigantes pantallas con todo tipo de oleografías y unas luces espectaculares), demostraron que son capaces de sumirte en un sueño hipnótico con temas como “Ruled by secrecy” o hacer saltar a más de cinco mil personas al ritmo de “Muscle museum”.

En poco más de hora y media hicieron un recorrido por su escueta discografía y mostraron que Muse sabe cómo plantear los directos para que quien vaya a verlos salga más que convencido. Todo estaba medido y el final no iba a ser menos. Tras la primera despedida, los tímidos acordes de “Blackout” sosegaban el momento antes de que el movimiento de una medusa virtual provocara un ambiente de ensueño. No faltó el adiós por todo lo alto con decenas de globos de color negro cayendo “del cielo” y gritos de complacencia por parte del público. “Stockholm sindrome” ponía el punto final con un redoble de batería que iniciaba la pieza en la que su particular pop se combina con la faceta más electrónica y metalera. Si a esto unes un final con lluvia de confeti, el resultado es un público satisfecho capaz de ponerse en pie para despedir a esta banda. Muse sabe corresponder a lo que se espera cuando pagas un buen pico y ha crecido considerablemente desde los días en que llenaban la sala Arena.

Gemma Sanz

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