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Los riojanos Silencio Absoluto siguen creciendo dentro de un rock personal. Mayo de 2004

Chocando contra el muro

“Camisa de once varas” es su cuarto álbum, camino largo en los tiempos que corren; y bien andado si tenemos en cuenta que se ha hecho en solamente seis años. Desde la primera entrega se pudo advertir que este quinteto, con saxo incorporado en sus filas, era de los que se apuntaba a la tradición del rock español pero que, con las mismas, se negaba a ser únicamente seguidista. Mejora en cada álbum y empieza a consolidarse en la programación de festivales.

Debutaron en el 98 con “A ver qué pasa”. Para el segundo, “Ruta del vino”, se comprometieron con su obra y con su entorno y llegaron a montar su propio sello, Jabibi Doctor. El crecimiento empezaba a aparecer, y para “Brincos entre la luna y el sol” (02), se pusieron en las manos de EDG, el sello navarro creado al amparo de los estudios Sonido XXI de los hermanos San Martín. Con aquellos tres trabajos se hizo el proyecto de base, la zanja que marcaba espacio y que definía una piscina propia. Todo lo plasmado era rock’n’roll, con letras inteligentes y con el aditamento del saxo, herencia de cromosomas de una generación “post Extremoduro” que está produciendo en abundancia y con calidad, reivindicación de una personalidad propia entre los componentes de un mismo saco que siempre se ve castigado por sus referentes a la hora de mostrarse ante el público. Iñigo “Txinin” (guitarra y voz), Roberto Muñoz (saxo y voz), Javier Granado (guitarra) y Aitor Omenal (batería) son los compañeros de José Luis Ramos, quien nos explica un poco más lo que ha sido y es Silencio Absoluto.

-- Ya son cuatro discos los que tenéis en la calle, y creciendo en cada uno de ellos. ¿Qué pensáis que tiene “Camisa de once varas” que pueda considerarse nuevo en esta ocasión?

-- “Sobre todo, madurez musical y de letras. La producción, en este caso, es diferente a otros trabajos: desde que nos pusimos a componer hemos contado con Javier San Martín como productor y hemos trabajado de otra manera. Estamos muy satisfechos con los resultados”.

-- Habitualmente trabajáis con los San Martín en Sonido XXI. ¿Cuál ha sido la diferencia esta vez? ¿Os habéis planteado retos que no hubierais abordado en los discos anteriores?

-- “Realmente, en los discos anteriores no habíamos tenido esa labor de preproducción, ya que llegábamos con todo ya acabado. Con ‘Camisa de once varas’ hemos estado más días en el estudio: no había prisas y queríamos hacerlo bien. Antes de entrar trabajamos mucho más las estructuras, las melodías, los tiempos, y dejamos para el final los arreglos y punteos. Ha sido mucho mejor aunque nos ha supuesto estar dos meses en Sonido XXI”.

-- Y el resultado ha sido…

-- “Principalmente, buenas canciones. Nosotros hacemos rock’n’roll, somos un grupo rockero con buenas letras, que canta a dos voces, y con un toque especial que es el saxofón”.

-- Entonces… tampoco hay mucho cambio con respecto a los anteriores.

-- “Cada disco refleja una época de tu vida; en todos ellos hay buenas canciones. Lo que pasa es que, con los años, vas mejorando musicalmente. Es inevitable la evolución y ya en el anterior definimos el estilo a seguir. En directo tocamos temas de los cuatro discos”.

-- Después de cuatro discos en seis años… ¿qué se puede decir que ha conseguido Silencio Absoluto?

-- “Sobre todo, seguir haciendo canciones y tocar en directo, que es lo que nos gusta, y eso es muy difícil si no vas evolucionando como grupo. Es así de duro: si no funcionas, te tienes que quedar en tu casa tocando la guitarra”.

-- ¿Eso es que el ambiente está complicado o que es exigente?

-- “Es muy difícil y complicado; salen pocos grupos hacia delante, y los hay muy buenos. Te chocas contra un muro: a las discográficas grandes no les interesa este negocio. No hay salas en condiciones donde tocar: si no llenas no interesas… Algo falla porque grupos como Extremoduro o Marea son ejemplo de que también se venden muchos discos de rock y de que hay gente a la que le gusta el rock’n’roll”

-- Vosotros llegasteis, en un momento dado, a intentarlo con un sello vuestro…

-- “Fue una experiencia muy positiva. En aquella época creímos que era lo mejor para nosotros y nos lanzamos a por todas, pero es muy difícil. No pudimos compaginar discográfica y grupo; estábamos currando las veinticuatro horas del día. Pero… bueno: aprendimos cómo funciona el negocio por dentro, lo cual ahora nos viene muy bien”.

-- ¿Os valdrá eso para dar un salto cuantitativo a nivel de público?

-- “No depende de nosotros. Me imagino que, de la noche a la mañana, te pones de moda y se dispara todo, sin más. Lo que tenemos que hacer es seguir haciendo buenos discos y, sobre todo, disfrutar con esto”.

-- Pocas esperanzas, ¿no?

-- “Mientras podamos seguir haciendo discos y tocar ya nos damos por satisfechos y, si algún día podemos vivir de ello… ¿pues qué quieres que te diga? Seríamos unos privilegiados”.

-- Una cosa buena para durar es mantener estable la formación. Vosotros no habéis tenido muchos cambios.

-- “El único fue Aitor, el batería, que llego hace tres años, pero ya hicimos con él el anterior trabajo. Es fundamental la estabilidad de una banda para poder hacer algo”.

-- ¿Cómo se os ocurrió, en un momento dado, esto de montar una banda de rock?

-- “Empezamos en esto como diversión, para pasar un buen rato, sin más pretensiones. Vivimos en un pueblo pequeño y éramos amigos; nos conocemos de toda la vida, así que un buen día nos compramos los instrumentos y nos pusimos a tocar. La verdad es que nunca nos imaginamos llegar tan lejos. Ahora es nuestra forma de vida”.

-- Además, parece que habéis hecho buenas amistades. En el disco anterior colaboraba con vosotros gente como el Lichis, Kutxi, de Marea, o el Drogas. ¿A quiénes habéis liado en “Camisa de once varas”?

-- “En este disco hemos contado con Marian Benes a los coros, como ya hicimos en el anterior; con Juanan San Martín a los teclados y con Jon Celestino a la trompeta, al que conocimos en la gira con Tijuana in Blue. Todos ellos son grandes músicos. Siempre nos gusta contar con otros músicos en los discos: es algo gratificante”.

-- Una de las cosas que más os define son vuestras letras. En conversaciones anteriores con vosotros comentabais que las discutíais el grupo entero palabra por palabra. ¿Sigue siendo eso así?

-- “Hasta ahora habíamos hecho así todas las letras, pero en este disco son más personales; es algo que también nos apetecía probar. De todos modos, la temática sigue siendo la misma: una mezcla de marihuana, amores y desamores con cierto toque poético y, si hay que denunciar algo, lo hacemos, como, por ejemplo, en ‘Mare mía’, que habla de la violencia en la puerta de las discotecas o bares”.

-- Se supone que ahora, con el disco en la calle, empezaréis a pensar otra vez en salir a la carretera…

-- “Esperamos tocar enseguida en Madrid: estamos trabajando en ello. De salida, ya tenemos más de veinte conciertos cerrados para este verano, con el Viña Rock incluido”.

E.P.

Silencio Absoluto. “Camisa de once varas”. Maldito

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