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Los bilbotarras Doctor Deseo firman su octavo disco. Mayo de 2004

Dejarse la piel

Sigue siendo una de nuestras bandas favoritas. Lejos de acomodarse o estancarse, los chicos de Doctor Deseo se arriesgan en cada álbum sin dejar de lado su particular universo literario. Dos años después de “Suspira… y conspira”, el quinteto vuelve a las andadas con su pop de cabaret excepcionalmente emocional.

Son Francis (voz y guitarra), Josi (bajo), Txanpi (batería), Raúl (teclas) y… Aitor Agiriano, la incorporación que supone la mayor novedad física dentro de la actual formación y que toma el puesto que anteriormente ocupaba Kike. Juntos han dedicado el 2003 a la creación de “Rómpeme con mil caricias, cielo. Rómpeme”. Grabaron el disco en dos etapas (julio y diciembre) dejando las mezclas para el mes de enero de este año. Como en su anterior experiencia discográfica, el grupo ha vuelto a confiar en Iñaki “Uoho” (Extremoduro) para que se encargue de la producción. “Su estudio es privado y nos permite grabar a nuestro ritmo sin ningún tipo de imposiciones; grabamos como en casa. Iñaki es un muy buen técnico de estudio y, aunque habitualmente trabaja en otro estilo de música, tiene las orejas muy abiertas para escuchar todo tipo de sugerencias y traducir todo aquello que quieres conseguir en cuanto a sonido. Además, es un amigo”, comenta Francis.

El álbum ha contado también con la participación de Airoa, la única “invitada especial” del disco y que ya ha asombrado a casi todos desde las filas de Zea Mays. “Ya había colaborado con nosotros en el anterior disco y, amén de las ganas que pone en ello, es una de las voces más emocionantes que conozco. La hicimos grabar unas cinco tomas por cada canción sólo por darnos el gustazo de escucharla”. Respecto a la incorporación de Aitor, Francis no cree que haya afectado a la estructura de trabajo si no es positivamente: “Una cuestión laboral impedía a Kike poder acudir a los ensayos. Lo que al principio fue una pequeña tragedia se tradujo en el hallazgo de Aitor, ‘El Toro’, guitarrista que ya había colaborado con nosotros tocando guitarra flamenca. Hemos descubierto un guitarrista muy polifacético que puede pasar del flamenco a la psicodelia o al groove con un entusiasmo sin límites. Tengo la sensación de que lleva toda la vida en Doctor Deseo”.

“Rómpeme…” es un disco propio de Doctor Deseo, el octavo de una colección que no tiene un álbum malo e ideal para quien todavía no se haya acercado al grupo y a su propuesta. “Lo ya hecho, evidentemente, es el reflejo de lo ya pasado. Y, por supuesto, el germen de lo que hay ahora. Lo que pasa es que cuando estamos haciendo un disco estamos concentrados exclusivamente en él y, aunque evidentemente tenemos un bagaje, es el que refleja el momento actual de la banda de tal forma que, para nosotros, en estos momentos, es el único que importa”, apunta este singular panadero que, cual Jekyll y Hyde, se recompone en figura y gesto cuando se convierte en la cabeza visible de Doctor Deseo. “Simplemente, esperamos haber subido una peldaño más de la escalera que, esperemos, no lleve a ningún sitio. Básicamente, seguimos siendo marxistas: ‘surgiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria’”.

La pasión que pone el quinteto en sus trabajos no es solamente trasladada a sus canciones, verdaderos cúmulos de piel y tripas, sino que también se expresa en directo con un contenido volcánico que lleva a los músicos más allá del escenario. “’Rómpeme’ es, desde luego, el punto más alto de esta cumbre. Pero, como alpinista que soy, de esta cumbre me bajaré y subiré a otra. Refleja el punto musical y emocional de la banda ahora. El grado de entusiasmo y la eternas ganas”.

El mundo de Doctor Deseo no es el habitual que se puede encontrar en el pop de hoy día. Desde que comenzaron su andadura (su primer álbum se remonta a 1987) decidieron mirar a las cosas desde dentro a fin de hacerlas suyas. Esas miradas fueron intencionadamente dirigidas a lo canalla, al callejón, al bar oscuro y a las compañías malsanas. Nada en las letras del quinteto alude a lo convencional porque, para ellos, lo convencional no genera vida. “Siempre hemos sido un grupo bastante intimista, incluso en lo social; lo hemos visto siempre desde un punto de vista próximo. Quiero pensar que, con la edad y el mucho trabajo, mejora la capacidad de introspección individual y social. Aun así, siempre hemos hurgado en las ‘tripas’, en el mundo de los deseos. Para mí, lo individual, lo social y lo político están íntimamente ligados”. A la hora de escribir, Francis es absolutamente concreto, pero atiende poco a lo habitual: sus historias surgen de lo marginal, lo desnudo, lo prohibido… En “Rómpeme” hay una canción que retrata este paso de manera muy gráfica: “Una mujer rota” hace alusión a las prostitutas que llegan del este buscando aquí su maná y la historia creada a su alrededor poco tiene que ver con las consignas sociales o los discursos moralistas. “Las putas nos han servido siempre para encarnar el mito de que todos vendemos una parte de nuestro cuerpo o mente por algo. La sociedad judeocristiana que valora tanto la entrepierna las condena hipócritamente a la marginación social. En estos momentos, muchas putas encarnan dolorosamente lo que podríamos llamar las nuevas formas de esclavitud: mujer del tercer mundo que viene con intenciones de trabajar, cae en manos de la red mafiosa de turno y se convierte en invisible o inexistente. Quizás sean ellas, ahora, el mito de la afición que tenemos en Occidente de cambiar unas cadenas por otras. Unos dueños, por otros. ‘Huir de lo malo para encontrarte lo peor’”.

En la nota de promo que acompaña al nuevo trabajo de los vascos se hacen alusiones estilísticas: Morricone, Tarantino, pop clásico, tintes psicodélicos, cabaret… “No sé si nos define, pero, desde luego, todo eso está dentro de nuestra música. Sobre todo, somos unos buscadores insaciables de la canción perfecta y, en ese sentido, somos muy pop. Tenemos en cuenta toda la cultura pop de los 50 hasta aquí, así como otras músicas aledañas. Entre ellas, desde luego, está el cabaret. Ya sabes: ‘la vida es un cabaret’. Esto también se refleja en nuestros directos. El Morricone de las películas de Sergio Leone, las de spaghetti western, refleja una épica con Clint Eastwood y su viejo poncho enfrentándose a todo tipo de males con elegancia y contundencia. Ese tipo de música también nos parece muy interesante, ya que mezcla tex-mex, algo de música surf, algo de country, algo aflamencada…”.

Las influencias y los referentes del pasado también dejaron su hueco a la actualización. Hace tres álbumes, Doctor Deseo sintió la necesidad de introducirse en el terreno electrónico tratando de que las máquinas respondieran a sus instintos del mismo modo que lo hacen las guitarras o la batería. En “Rómpeme” la fusión sonora está más acertada que nunca y muestra ya un dominio que hace a la música inorgánica ser también parte del espectro sonoro de la banda. “Evidentemente, el trabajar durante seis años con sintetizadores, programaciones, ceremín y demás cacharritos hace que sepamos usarlo de una forma más natural e integrarlo mejor en el contexto de cada canción. Aun así, en este disco priman los matices de guitarra”. A la hora de mirar fuera, los bilbotarras exhiben sus debilidades: en el nuevo álbum han reconvertido una canción de Joy Division en la única pieza del disco que suena en euskera, una más que libre adaptación de Marta Ortiz. “Digamos que está en nuestro especial cancionero, en esas veinte o treinta canciones que te parecen indispensables. Lo habíamos intentado en castellano hace ya un tiempo, pero el resultado no nos pareció aceptable. Retomada de nuevo, unos años después, nos salió de esta manera, alejándonos de la original y llevándola a un territorio de, por decir algo, punk psicodélico con arrebatos de Frank Zappa. Reconvertirla en algo distinto, lo que para nosotros es la función de versionear algo, recoger su esencia y lanzarla a otro lugar”.

Si hay algo que siempre se puede criticar a Doctor Deseo es su especial pereza para girar. Su público en Euskal Herria es tal que la banda no contempla con demasiado interés el hecho de buscar más allá. En los últimos años, sin embargo, la experiencia de conocer y de contactar ha calado en ellos lo suficiente como para que, de vez en cuando, hagan excursiones de ida y vuelta fuera de Euskadi. “Un año sin tocar supone que, en estos momentos, tenemos un mono importante. Saldremos con tantas ganas como unos principiantes y con la experiencia que nos da llevar años de escenario. Tocaremos básicamente por el norte, aunque a Madrid, este año, iremos dos veces: la primera en junio, a Gruta 77, y la segunda en octubre. Además, estaremos en Barcelona, Zaragoza, Cantabria, Gijón, Burgos, Rioja, Salamanca, Valencia, por supuesto, Euskal Herria”. El motivo para que el grupo sea tan poco prolífico a nivel de directos fuera de su tierra no es otro que el de no querer crecer; algo inusual dentro del panorama musical: “Nunca hemos querido fastidiar aquello que tanto amamos, y hemos considerado que la mejor forma de hacerlo es desde un planteamiento amateur, no dependiendo económicamente de la música, básicamente, para que el show-business no termine con nuestro entusiasmo por la música y con nosotros mismos. Por eso trabajamos con una independiente que no nos marca el ritmo, aunque esto suponga llegar más lentamente a ciertos mercados. Nunca hemos tenido la ambición de comernos el mundo por no atragantarnos: queremos hacer bien y con ganas aquello para lo que vivimos. Espero que poco a poco nos vayáis viendo más. En cuestión de festivales, nos gustaría tocar en alguno, pero al ir al margen de las modas, a veces, es difícil”.

Evidentemente, Doctor Deseo no es un grupo al uso. Cuando hoy el panorama se plaga de mediocres intentando reivindicar su genialidad, ellos se decantan por el disfrute antes que por la profesionalidad. “Son diecisiete los años que llevamos en esto y en ese tiempo la música nos ha proporcionado todo tipo de alegrías e insatisfacciones, estas últimas derivadas, sobre todo, del entorno de la música más que de ésta misma. Aun así, básicamente, es una necesidad: es nuestro jodido oficio, a lo que más tiempo dedicamos. Supongo que las ilusiones de ahora no son las mismas que al principio, pero en el momento en el que pierda un ápice de entusiasmo por componer una canción, por dejar la piel en un directo, simplemente nos iremos”.

Esperemos que sea tarde.

E.P.

Doctor Deseo. “Rómpeme con mil caricias, cielo. Rómpeme”. Gor

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