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Bushido
Siempre es de agradecer que el artista reconocido se atreva a correr nuevos riesgos. Es una manera de no acomodarse y, sobre todo, de investigar otras cosas diferentes a las que el público reconoce asociadas a ti. Bunbury es bastante asiduo al hecho, ya sea produciendo, componiendo o, como ahora, colaborando con otros amigos. En este caso se ha juntado con Morti, Shuarma y Carlos Ann, nombres menores dentro del panorama musical en lo que respecta a popularidad (quizás Shuarma puede presumir de sonar en la radio), para pasar una temporada juntos y, de paso, grabar unas canciones. Lo llamativo es que dichas canciones han sido editadas bajo el nombre de Bushido, lo que hace que, a partir de ahí, la gente pueda juzgar el resultado de la experimentación como si se tratara (se trata, de hecho) de un álbum que compite comercialmente con el resto de los que llenan las estanterías de las tiendas. Y, en ese terreno, pienso que, realmente, sale perdiendo. “Bushido” es una cosa privada, un disco sin mimbres surgido al azar por la plena satisfacción de sus autores. Da la impresión (y no hay nada que avale lo contrario) de que aquí ha valido todo lo que se ha ofrecido y que en ningún momento ha habido un mínimo criterio de autoexigencia. Todo el material del álbum ha sido compuesto después de juntarse y sin que haya existido un ensamblaje previo; con ello, aquí hay un poco de todo y un nada de nada: canciones sueltas, sin relación entre sí, y grabadas por el solo placer de pasárselo bien. El hecho puede ser una satisfacción para quien lo hace, pero no para quien paga por ello. E.P.
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