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Fito y Fitipaldis Aqualung. 31 de enero de 2004
Sin apenas retraso, el primer single de su más reciente álbum (“La casa por el tejado”) arrancaba un concierto que tendría aura de teatro, tranquilo pero a gusto. El repertorio de canciones se centró en el último trabajo (“Soldadito marinero”, “Un buen castigo”…), aunque tampoco se olvidó de las que triunfaron en sus inicios en solitario y que supusieron el preludio de un éxito anunciado. El último trabajo del bilbaíno implica una mente abierta a la música, y eso es aprovechado con gusto en un concierto introduciendo en sus composiciones los sonidos en los que cree y transmitiéndolos sin perder un ápice de personalidad. Las canciones más rockerillas (“Ojos de serpiente”, la clásica “Rojitas las orejas”…) hicieron cantar a todo la sala y mostraron a un Fito que cada día reclama más su posición de guitarrista. También hubo hueco para las melancólicas “Cerca de las vías” o “A la luna se le ve el ombligo”, en las que la figura del cantautor se asoma tras la boina. Dueño de su música y del escenario cuando está en él, Fito no dudó en marcarse la versión instrumental “Vamonó” con más de seis minutos de tema en los que la rienda suelta del maestro saxofón dejó ver las magníficas posibilidades de este instrumento en un directo. A la gente se la notó tranquila degustando los temas, pero también satisfecha; a él, concentrado en tocar como sabe. Y, para terminar, una canción que dice mucho de Fito en muy poco: “Nada que decir”. En la cita tampoco faltaron anécdotas que muestran el buen rollo de la banda con el público: en un momento dado del concierto se pidió de entre el público un guitarrista espontáneo y el privilegiado subió al escenario para poder darle a las cuerdas del “jefe”. El afortunado, la verdad, tuvo más voluntad que gracia. Con todo lo dicho, Fito es Fito & Fitipaldis porque le gustan las bandas, y eso se nota. La formación congenia a la perfección y la sombra no existe para ninguno de ellos. Batiz a la guitarra (añadiendo mucha diversión al escenario), Roberto Caballero en el bajo, el nuevo fichaje Fernando Irazoki con las baquetas (el ex-Enemigo Chema Pérez se ha caído de la gira) y Javier Alzola (imponente saxofonista que demuestra que este instrumento tiene mucha más cabida en el rock de lo que se presupone) completan una banda encabezada con nombre y donde cada uno tiene su propio sitio. Fito ha crecido. “Se ha hecho mayor”, como dirán algunos, y su visión de las cosas ha cambiado reflejándose en los actuales sonidos y composiciones de perro viejo. El chico gamberro de Platero y Tú ha dejado paso a un tipo más madurito que tampoco puede olvidar sus ramalazos rockeros con la guitarra en la mano. El dice que “No sé si es que me falta voluntad o es que me sobra el vicio”, aunque, a tenor de lo visto, parece que es a su público al que le sobra el vicio por su música. Gemma Sanz
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