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Eagle Eye Cherry Arena. 4 de febrero de 2004 Puede que a muchos el nombre de Eagle Eye Cherry no les suene excesivamente familiar, aunque, si se hace memoria, se recordará el pelotazo que pegó en el 98 gracias a un anuncio de televisión. La canción afortunada, “Save tonight”, fue disco de platino y es difícil no reconocerla. Por otro lado, tampoco es un desconocido: hijo de músico (Don Cherry), hermano de música (Neneh Cherry) y batería adolescente en diferentes formaciones, hace ocho años decidió llevar a cabo su proyecto en solitario y el resultado fue dos discos que, sin romper las listas de ventas, sí lograron calar en más de uno. Tras un parón de dos años, el pasado 4 de febrero regresó a España con nuevo disco bajo el brazo, “Sub rosa”, sin teloneros y con la sala llena aunque no a rebosar El sueco salió a escena bastante puntual y, aunque se presentaba con su nombre, la realidad es que en directo no se puede decir que sea un cantautor solitario. Se acompaña por toda una formación que incluye guitarra, bajo, teclados, samplers, percusión y batería que, si se descuidan, no caben en el escenario. Entre todos proporcionan a las composiciones de Eagle Eye Cherry la variedad de sonidos y ritmos complejos que se ha propuesto en el último trabajo. Para romper el hielo empezó con temas de “Sub rosa” (“Paralisis”, “Skull tatto”…), que fueron entonando a la gente hasta que, con la romantiquilla “Falling in love again”, rememoró un éxito del pasado. Con las piezas nuevas el compositor ha buscado una mayor apertura de mente en el sonido y la verdad es que si algo hubo en este directo fue mucha combinación de ritmos: algún tema con sangre reggae, otro country, cierta estela electrónica, unos lentos, muchos rápidos… en general bastante calidad. Sorprendió su escondida vena rockera, muy bien explotada en la actuación con temas como “Dont give up” o “Roots rocks”, que gustaron e hicieron botar a la mayoría. Aunque las treinta chicas que se empujaban en las primeras filas confirmaron mi opinión, no se puede decir, ni mucho menos, que Eagle Eye Cherry sea sólo una cara bonita. En acústico o en eléctrico, con o sin guitarra, lo cierto es que este músico se lo monta muy bien sobre el escenario. Tiene voz (no exagerada pero sí bonita), es expresivo, se mueve y hasta salta si el tema lo precisa. Mostró, sin costarle, que es agradecido y receptivo con el público, pero, sobre todo, dejó ver que su música está trabajada. Te puede gustar más o menos, pero es innegable que no carece de calidad. Su repertorio fue variado, no abusó de las canciones nuevas y menos conocidas, resultó movidito y no se cortó en el repertorio (veinte temas). Para hacer saltar la mecha no dudo en tocar los temas estrella con el final ya próximo: “Save tonight” o “Still having fun” arrancaron las voces, y por su intensidad, los botes de los presentes. La verdad es que este sueco (afincado en Nueva York) cumplió con sus casi dos horas de concierto y, finalmente, no sólo conquistó a las chicas. En definitiva, dejó buen regusto en la gente y, por quejarnos (que es un vicio), haremos notar los acoples de sonido que amargaron a más de uno de los que se situó cerca del altavoz. Gemma Sanz
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