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Dover La Riviera. 23 de enero de 2004
Pasadas las diez de la noche, el cuarteto capitaneado por las hermanas Llanos pisaba el escenario ante un respetable que no dudo en aplaudir y recibir con oídos abiertos las palabras de la voz social de Dover. Amparo agradeció la presencia de la gente y, segundos después, las guitarras, bajo y batería empezaron la función. Para comenzar, un par de temas nuevos y, para ir calentando, viejos valores: “King George” levantaba los primeros gritos y movimientos. Aunque al principio costó arrancar los motores del grupo y levantar el ambiente, la acogida de los temas mostró a los muchos fieles que va creando esta banda con el tiempo. Y es que, si algo sobresale del grupo, son precisamente ellos, su capacidad como músicos. La potente voz de Cristina sigue en forma y, entre grito y grito, deja notar la limpieza del sonido, cada uno en su sitio. Jesús Antúnez hace explotar su batería sin destrozarte los oídos y, mientras, la imagen y movimientos de Alvaro “Tripi” (bajo) incitan a mover irrefrenablemente la cabeza. Por su parte, Amparo se muestra infatigable y compuesta con su guitarra, aunque, eso sí, haciendo un uso excesivo de su don de gentes entre canción y canción, de modo que no era raro que algunos dijeran eso de “déjate de cháchara y dame caña”. Confiando en su último trabajo, no dudaron en tocaron ocho temas nuevos, cortos y muy rápidos, y entre los que su single “The flame” permite ver también que a la banda le gusta coquetear con los biorritmos del sonido. Dover toca desde el rock más duro hasta sonidos que, como en su último disco, giran más hacía el punk pop e, incluso, a cierta aura “beatle”, como la que muestra “27 years” (homenaje a Paul McCartney). Y aunque alguien le puede desvalorar por su aparición en radiofórmulas y demás, la realidad es que ésta es una de las formaciones más cañeras que tenemos en el país. Consiguen, en poco más de una hora, que la peña que les ve se venga arriba utilizando bases atronadoras propias del más puro metal. Realmente dieron mucha caña en esta cita, algo que no evitó que sus pegadizos estribillos fueron coreadas por casi toda la sala, aunque fuera en “spanglish”. Para reventar el final hicieron sus temas más clásicos y cañeros, como “DJ” o “Serenade”, aquéllos que no suelen faltar y que hacen botar a quien disfruta con el rock duro. En la despedida tampoco faltó el apoteosis por excelencia de la banda: “Devil came to me”. Si algo sabe Dover a la perfección son temas pegadizos y que enganchan. Con palabras y más palabras, Amparo se puso melancólica y, extrañamente, Cristina también habló para cerrar las casi dos horas de concierto. “Cherry Lee” fue la elegida como broche en un espectáculo que muestra que la banda continúa innovando y manteniéndose en plena forma. De postre, las hermanas Llanos no dudaron en atender a sus fans como de costumbre: firmas y más firmas fueron el fin de esta cita. Gemma Sanz
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