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Chucho

Galileo Galilei. 24 de enero de 2004

Chucho es uno de esos grupos que, desde su creación en el 95, y aun moviéndose dentro de una escena difícil e independiente, ha logrado sobresalir con nota. Por eso fue el protagonista de la última fecha de “Conciertos únicos”, una iniciativa de la sala Galileo Galilei que, desde octubre, ha permitido presentar a diferentes nombres y grupos de la escena nacional (Deluxe, Nacho Vegas, Piratas…) de una forma más personal, íntima y cercana de lo habitual, tan cercana en este caso como para que los más privilegiados pudiesen disfrutar de sus temas favoritos sentados y con copa en mesa dejando a los menos con algún agobio de empujón. En ese ambiente tranquilo, la banda de Albacete salió a escena y, tras aplausos y saludos, la voz de Fernando Alfaro (compositor e “ideólogo” de la formación) arrancaba un concierto que sería acústico y repleto de los éxitos más famosos del grupo.

Silencio y relajo en la sala durante las primeras canciones hasta que la aparición de uno de los temas considerados más importantes del pop rock de los 90, “De aire”, se ganó directamente al público. Su acogida, los silbidos y aplausos dejaban ver que quienes estaban allí eran, en su mayoría, viejos seguidores de la formación. Bajo una base rítmica que ejercía de batería, los sonidos más psicodélicos dejaron paso a “Revolución”, un tema rápido y con gancho que consiguió romper el hielo que todavía se apreciaba y permitía escuchar a la mitad de la sala levantar la voz para seguir al grupo. No se puede negar que la formación entona sus canciones con un toque personal (teclados, base rítmica, la voz y aspecto penetrante de Alfaro) y unas composiciones creativas y elaboradas que, aunque rayan en lo irreal, son lo más apreciado por el público con ganas de universos y melodías diferentes. Canción a canción, el grupo se fue mostrando más ligero y la sala más suelta. Temas como “Anestesia”, “Angel turbio” o “Cirujano patafísico” llamaban la atención: estribillos pegadizos mezclados con un sonido que demuestra que Chucho se permite coquetear con varios géneros sin perder la identidad propia e independiente que ha ido depurando disco a disco.

Casi dos horas de concierto, más de quince temas y un ambiente que fue progresando del frío inicial a esa expresión que algunos definirían diciendo “estamos tan a gustito…” La gente terminó poniéndose a tono, con los de las primeras filas manos arribas y la banda, en plena conexión, anunciando una despedida que correría a cargo de “Magic”, canción melancólica que, aunque desconozcas, no deja indiferente. Algunos de los presentes echaron en falta un poco más de garra, guitarras distorsionadas, algún grito con esencia punk o un poco más de movimiento, pero, como se suele decir, no se puede tener todo, algo que no molestó dado que la cercanía y el ambiente de “somos unos pocos” bien pudo compensarlo.

La despedida, sentida: dos salidas y, a la tercera, la vencida. Entre silbidos y aplausos, Fernando Alfaro apuntaba un “hasta la próxima” repitiendo “Revolución” y acompañándose en los coros por una sala tan conquistada que alguno de los más acomodados no dudo en ponerse de pie para decir adiós a una banda que posee su pedigrí propio: el callejero.

Gemma Sanz

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