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Mike Stern publicará en enero “These times”, su nuevo trabajo. Marzo de 2004 Guitarrista de espíritu
Una cosa está clara: a Mike Stern le gusta tanto hablar como tocar. Cuando coge su guitarra puede estarse haciendo melodías durante siete horas seguidas y sólo se detiene para dejar espacio al resto de los músicos que le acompañen. Cuando habla abandona esa responsabilidad. El hecho sirve al cronista para decidir que, mejor que transcribir sus palabras, resulta más útil hacer un resumen de las mismas, sobre todo cuando este personaje, nacido en Boston en el 53, aglutina tras de sí una de esas “carreras envidiables”. Sus primeras aventuras como profesional llegaron gracias a Pat Metheny, uno de sus profesores en Berklee, quien le recomendó al grupo Blood, Sweat & Tears. Después de estar dos años con la banda tuvo la enorme oportunidad de ser incluido en el grupo de Miles Davis para pasar, posteriormente, a integrarse dentro de Word of Mouth, la banda que lideraba Jaco Pastorius. Aquellos comienzos, como se puede imaginar, no eran los habituales en un mundo plagado de guitarristas. “Tanto Miles como Jaco tuvieron una gran importancia para mí. Ambos me enseñaron que lo importante era tocar con el corazón, mucho más que el estilo o la técnica. Daba lo mismo lo que tocaran porque siempre lo hacían con el corazón. Hay quien cree que ya no hay músicos como ellos, pero yo creo que sí, que, con toda la crisis y toda la historia que haya actualmente, la música está viva”, comenta. Después de aquellos inicios era lógico que Stern iniciara una carrera en solitario. “Miles, Jaco y Michael Brecker me animaron a ello. Yo era bastante tímido por entonces y, realmente, no captaba la necesidad de expresarme por mí mismo”, recuerda. Con aquella decisión llegaron álbumes en los que Stern unificaba sus pasiones por el jazz y el rock y colaboraba asiduamente junto a David Sanborn, Dave Weckl, Bob Berg, Jim Beard o Peter Erskine. “Upside downside” (86), “Time in place” (87), “Jigsaw” (89) o “Odds or evens” (91) fueron sus primeros frutos, discos todos tildados por elementos de fusión y reconocidos por parte de todo el mundo como ejemplos del jazz rock que veía nacer la década de los 90. “Es una buena etiqueta aunque… es sólo eso, una etiqueta. A mí me gusta el jazz puro, el tradicional, y suelo interpretarlo en muchos conciertos, aunque usando mi sonido de guitarra. Hace poco Ron Carter, George Coleman, Jimmy Cobb y yo grabamos un disco en directo titulado ‘4 generations of Miles’ y sucedió lo que nadie esperaba: que ellos me decían a mí que era muy clásico y yo les comentaba a ellos que me daban una impresión muy heavy. Es obvio que toda mi generación se ha sentido influenciada de algún modo por el rock. Después de que aparecieran los Beatles, la guitarra eléctrica apareció en todos lados”. Tras aquellos álbumes aparecieron “Standards (an other songs)” (92), “Is what it is” (93), “Between the lines” (96) y “Give and take” (97). Dos de esos discos, el primero y el último, volvían a poner al guitarrista en un terreno más jazzie, punto que se acentuaba con la aparición de Bob Malach como colaborador habitual y con ocasionales duelos con gente como Patitucci, Gil Goldstein o, de nuevo, David Sanborn. En “Play” crecía el ego guitarrístico y el mástil de Stern probaba fuerzas con el de John Scofield y Bill Frisell. Fue un álbum que dejó paso a una reflexión y que se continuó con un disco en el que, por primera vez, Stern concedía espacio a la voz humana. Fundamental para el cambio fue la aparición, en la vida de Mike, de Richard Bona. “El fue quien me animó a meter voces en mis discos. Lo conocí hace diez años, en Israel, cuando él estaba en el grupo de Joe Zawinnul. Empezó a cantar sobre uno de mis temas y me hizo notar la posibilidad de tratar así mis nuevas composiciones. Con el tiempo nos vimos más y nos hicimos amigos, así que no es extraño que hayamos terminado haciendo algo juntos. Me gustaría que, en el futuro, Richard formara parte de mi cuarteto”, comenta Stern recordando “Voices” (01). El disco le dejó lo suficientemente satisfecho como para que su próximo “These times” (04) mantenga la misma línea. “Quizás tiene algo más de instrumentación. Es, realmente, una conjunción entre voz y tema instrumentales. Si ‘Voices’ me gustó éste me ha gustado más, probablemente por el proceso de grabación. Lo hicimos casi todo en directo y el momento en el que te encuentras tocando con todos los instrumentos a la vez no deja de ser agradable”. La presencia de Bona en “These times” es ya de un protagonismo considerable y, como invitados especiales, aparecen el banjista Bela Fleck y el imprescindible Kenny Garrett. “Bela toca poco, pero es maravilloso. También quiero trabajar con él en el futuro, hacer algo de standards o algo así. Con Kenny es la primera vez que grabo y me encantaría tocar con él en directo. Todo salió de un modo muy fluido y muy natural. Hicimos el disco entero en sólo tres días”, comenta el guitarrista, quien apunta hacia sus próximos trabajos un cambio de ideas fundamentado, sobre todo, en los resultados ya vistos en sus dos últimos discos. “La técnica es importante porque te permite ampliar tus posibilidades expresivas. Pero la música lo es más: es el lenguaje del corazón, lo que expresas realmente. Quiero escribir cosas más simples de las que he venido haciendo hasta ahora, más en la línea de las canciones, piezas que se puedan tararear. Otra cosa que me gustaría hacer sería algo en el campo del folk. Mi mujer me enseña muchas cosas que yo no conozco y que me abren mucho la mente. La música tradicional de otros países, por ejemplo. Lo que he oído de Nusrat Fateh me interesa lo mismo que la música de Dylan o Joni Mitchell. Sería hacer algo como lo de Richard, estar abierto a todo”. Las preocupaciones de Stern, en este momento, están, como se ve, más cercanas al campo espiritual que al técnico. “Lo más importante es el alma. Técnicamente, siempre hay campos en los que mejorar. Cuando empecé a tocar con Blood, Sweat & Tears vi que, si bien mi trabajo en la melodía era válido, aún tenía que mejorar para generar la enjundia que el grupo solicitaba. Un músico que me encanta para eso siempre es John Coltrane: cada nota que daba era la justa y no le sobraba nada”. E.P.
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