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Albertucho aparece como un nuevo cantautor… que no sabe cantar. Marzo de 2004 Aportando vida
Albertucho es uno de ellos. El chaval se llama Alberto Romero y tiene 20 años. Vive en el barrio de Bellasvistas de Sevilla y demuestra que es andaluz nada más abrir la boca. “Yo no canto un carajo. Eso está claro. Compongo e interpreto lo mejor que puedo, pero cantar… ná de ná. Trato de interpretar mis canciones. Es la esencia lo que se plasma”, dice. La conversación viene a cuento de que, aunque no cante, ha debutado discográficamente con un álbum homónimo. No lo consiguió cuando iba de punkie con Cogorza allá en tierras sevillanas, pero sí ha visto cumplido su sueño plantándose delante de la gente con una guitarra y sus canciones. Primero hizo una maqueta, después otra y, finalmente, un álbum en el que utiliza a su última banda (Confusión) como grupo de soporte. “Aporto mi vida, que está en mis letras. Es una forma de pensar, vale, pero es la mía. Porque yo las canciones las hago como me salen, tal y como tenga ese día la chola”, añade. Algo debe tener este particular cantautor cuando una discográfica como Dro pone los ojos en él y cuando, en su primera aventura discográfica, cuenta con Rosendo, Kutxi de Marea y Poncho K como padrinos de excepción. “Poncho fue el que me metió en esto, mi maestro. El me dijo que podía cantar sólo con mi guitarra y mira por dónde ha salido el asunto. Lo de Rosendo fue cosa de Eugenio, el productor. Yo le admiro mucho y para mí, que meta un solo en el disco… ¡es que me mola un montón! Lo de Kutxi… igual. Surgió entre la compañía y yo, hablando. Los dos le queríamos en el disco. Yo le admiro muchísimo como escritor”, dice este Alberto al que el “tucho” se lo colocó, precisamente, Poncho K. Hace tiempo que le dijeron que eso de ir de cantautor sólo con guitarra ya no bastaba, que necesitaba algo más. Fue entonces cuando habló con sus compañeros de fatigas y se metió en el “embolao” en el que anda ahora. “Todo queda entre colegas. Yo, cuando compongo, siempre lo hago con la guitarra en la mano. Me da… no sé…movilidad. Alguna vez hago las letras antes y luego sale la melodía. Con eso llego al local y el Tulo es el que hace el arreglo. El grupo es el que pone la magia”. Con esa dinámica es con la que se han cuajado los quince temas de este álbum que se presentará próximamente en el Hebe, la sala vallecana que acogerá el debut madrileño del sevillano. “Luego tengo viaje p’a rato. De vez en cuando he hecho algunos bolos ‘victimistas’ solo con la guitarra, pero casi siempre toco con el grupo. Voy a dar una guerra que te cagas. Ahora ya tocamos más de una hora y me voy a ‘jartar’ a actuar”, comenta ilusionado sobre su futuro para este año. “Yo sólo quiero componer y cantar, pero también quiero comer, y por eso viene lo del disco. Por intentarlo que no quede. A mí, que una compañía como Dro se fije en mí, me pone mucho. La mayoría de los discos que tengo en mi casa son de ellos”, dice. Y no es raro, porque a Albertucho le va el rock de autor, ése que se identifica con gente como Rosendo, Marea o Extremoduro. En su particular universo también hay hueco para la patria chica y caen, sin pensarlo mucho, nombres como Kiko Veneno, Raimundo Amador o Reincidentes. “Si es que en todos lo grupos hay un cantautor. En todos hay alguien que hace las letras y dice cosas. Los grupos a los que les hacen las canciones no son grupos de verdad”, aclara. Como escritor (aunque en un terreno particular) también le gusta leer. No lleva bien lo de la poesía (“si acaso Miguel Hernández, que le entiendo. Lo que no me gusta es eso de palabras floridas y rebuscadas”), pero se afana en lo que él llama “macarreo”: “Ya sabes: el Bukowski y esas cosas. Ahora estoy leyendo ‘La conjura de los necios’”. De la literatura ha pasado a la música buscando, simplemente, su propia expresión. Se vio rodeado del material tecnológico e informático que llena el estudio Box y se afanó para cumplir su papel lo más dignamente posible. “Me gustó, me entretuvo. Ya había hecho una maqueta con Santi Garvi (el que fue guitarrista de Canallas) y otra en Producciones Peligrosas, allá en Sevilla, pero ésta era la primera vez que entraba en un estudio así. Todo me fue muy cómodo porque, al final, estaba grabando con los colegas. Lo de repetir una canción mil veces me daba igual. Para eso estamos y esto es lo que quiero, así que… lo que me pidan”. Y lo que se le pide ahora es que defienda su disco, sus canciones, que haga conocido el nombre de Albertucho. En estos tiempos que corren la cosa no está fácil, pero la accesibilidad que traen las letras y las canciones de este sevillano tampoco necesitan mucho para correr de boca en boca. E.P. Albertucho. “Albertucho”. Dro
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