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Wagon Cookin’ comienzan nueva andadura con “Everyday life”. Junio de 2004 De Brasil al mundo
Previamente habían lanzado su fascinante “Appetizers” (02) y su no menos llamativo “Assorted cookin’” (04), pero ambos respondían a un espíritu de recopilación. Su nuevo trabajo ha sido concebido, creado y realizado con la idea de álbum, con todo su material inédito y con el nuevo espíritu que le proporciona a la pareja su reciente asentamiento en Salvador de Bahía, Brasil. Allí se fueron hace un año, después de terminar una gira internacional que les llevó por toda Europa y terminó reconociéndoles en el mismo imperio nipón, país en el que su primer álbum fue editado en una versión específica para aquel mercado. Con la tontería, esta pareja de navarros consiguió colocar más de treinta mil copias de su debut en largo aportando su visión jazzística de la música y su concepto de fusión rítmica al panorama electrónico. “Si lo miramos desde el principio, sí es cierto que hemos necesitado que se nos reconociera fuera para que se nos hiciera caso aquí. Muy poca gente prestaba atención a nuestras obras hasta que éstas no eran pinchadas por DJs extranjeros. En esto de la electrónica parece que también es cierto que nadie es profeta en su tierra”, dicen echando la vista atrás. Pero a la hora de mirar adelante todo cambia: “Everyday life”, su nuevo álbum, se lanza con el apoyo de Warner, con lanzamiento internacional y con promoción destinada al público masivo. Tendrá, con posterioridad, consiguientes remezclas orientadas a su radiación en emisoras convencionales y un campo de actuación mucho mayor del que habitualmente abarcan las obras de tesitura electrónica. Al mismo tiempo, el dúo continuará su aventura personal con ediciones propias que implanten este mismo material en el área dance y mantendrá su actividad dentro del campo de las remezclas. “Son caminos paralelos”, dicen los Garayalde. “Creemos que nuestra música puede sonar en las radios y por eso hemos hecho un disco más vocal que los anteriores, para que sea más accesible. La radio necesita un formato muy concreto y específico para que te pinchen y limita ciertas cosas. Si sonar en la radio favorece que la gente escuche el original, la idea nos gusta. Lo importante es estar siempre tranquilo con lo que haces”. La pareja, además, saldrá a la carretera dispuesta a romper el mito de que los artistas electrónicos españoles no aportan nada en directo. Si bien en el verano se les podrá ver de festival en festival en su versión DJ, lo cierto es que eso no será sino un aperitivo para el plato fuerte: la versión banda de Wagon Cookin’ que empezará a funcionar en el otoño. “Es algo necesario. Haremos sesiones de DJ para que se vea que somos de verdad, que no lanzamos un disco y volvemos a desaparecer en Brasil. Sin embargo, lo importante será la banda. Queremos hacerla allí, en Brasil, contando con los músicos que han participado en el disco. Cuando hicimos la gira de ‘Appetizers’ todo fue un poco precipitado: nos surgieron las cosas e íbamos aportando a nuestro set de DJ acompañamiento instrumental ocasional. Tocábamos tanto que no nos dio tiempo a plantearnos la formación de una banda como tal. En esta ocasión no queremos que sea así. Queremos estar a la altura del disco y contaremos también con colaboraciones ocasionales. No basaremos el contenido de los conciertos en secuencias, sino que dejaremos que la banda se exprese”. Todo apunta, en principio, a que la música electrónica de calidad realizada por artistas españoles puede dar un paso de gigante con la aportación de “Everyday life”. El tiempo hablará de resultados, pero da la impresión, a priori, de que, con grupos como éste, la escena de las maquinitas puede empezar a quitarse el cliché del “bakalao” que tanta gente tiene aún colgada a cualquier proyecto electrónico que se les pase por delante. “Es como cualquier otra música: el rock, el jazz, el blues… A quien no la escucha, todo le parece lo mismo, y en España muchísima gente tiene la idea de que la música electrónica es sólo bakalao. Todas las músicas han ido penetrando en la gente poco a poco, con discos de éxito o con el paso del tiempo; la electrónica, sin embargo, parece haberse quedado en el terreno underground para siempre. Puede que, en este género, haya que ser un poco pesado y esforzarse mucho para darlo a conocer a más gente. Ahora parece que esta música se ha ganado el apelativo de ‘cool’, de ‘guay’, es bailada por multitud de chavales… es lógico que se la empiece a hacer caso desde los medios masivos”. Wagon Cookin’ nació de la casualidad y el interés. Ambos hermanos Garayalde iniciaron su formación musical en el conservatorio Pablo Sarasate de Pamplona. Allí su padre es catedrático de saxofón e inculcó a sus vástagos el interés por la música y, especialmente, por el jazz. El tiempo hizo su papel y, cuando crecieron, Xavier y Luis fueron iniciándose en las corrientes que aparecían cerca de su entorno. Viajar a Londres, conocer su escena “clubbing” e iniciarse en la informática fue todo de la mano. Pinchaban sus compras londinenses en el Cotton Club local y empezaban a componer sus primeras piezas sin olvidar, en ningún momento, su formación musical. Todo fue rápido: contactos con sellos extranjeros, creación de un estudio en un vagón de tren ubicado en la sierra de Madrid, los primeros maxis y la creación de su propia etiqueta… Ellos habían decidido que el ordenador no fuera la referencia de su música, sino su herramienta de apoyo. “Nosotros no podemos hacer primero la banda y luego la música, que es lo tradicional dentro de campos como el rock, por ejemplo. Nosotros creamos sobre la marcha y el ordenador es nuestro instrumento principal, tanto antes como después de contar con los músicos. Hacemos como en el cine: grabamos mucho y luego montamos”. Así es: en sus primeras grabaciones no dudaron en pedir ayuda a su padre, Javier, para que tocara el saxo en sus composiciones. Este puso cara de poker cuando sus hijos le dijeron que tocara lo que quisiera, que improvisara. Sin preguntar más, se puso a tocar como un descosido para terminar alucinando, días después, con el resultado de sus sesiones: sus interpretaciones habían sido desgajadas como una naranja y colocadas con un enorme sentido estético en piezas de lo más diversas. Un fraseo aquí, un armónico allá, una parte sampleada y utilizada como un loop… nada se parecía a lo tocado, pero gozaba de una evidente sobriedad y elegancia entrelazada con cintas extraídas de otras sesiones similares y pasadas por los filtros del ordenador. Una manera de componer tan válida como cualquier otra que partía siempre de la música orgánica, aunque ésta no tuviera ni idea de dónde iba a aterrizar. La velocidad seguía siendo palpitante: remezclas para músicos consagrados, distribución internacional de sus piezas, entrada en el mundo DJ, primer álbum y… sorpresa: un disco de ésos que quitan el hipo. “Appetizes” era un salto cuantitativo dentro de la escena electrónica española, un compendio de fusión, bossa, jazz, house… todo con un concepto melódico impresionante y con unas revisiones capaces de arrasar en cualquier pista de baile. Xavier y Luis lucieron su material por medio mundo y, finalmente, tomaron una decisión trascendente: “Teníamos muchas ganas de plantearnos un cambio que nos aportase nuevas sensaciones y siempre habíamos tenido en mente venir a Brasil. Estábamos convencidos de que íbamos a encontrar nuevos colores para nuestra música dado que, en concreto, Salvador tiene gran cantidad de culturas mixturadas. No tenemos una idea precisa del tiempo que estaremos en Brasil: lo iremos decidiendo sobre la marcha”. Antes del viaje Dro, el sello genuinamente español de Warner, ya les tiró los tejos llegando a un acuerdo. Hace un par de meses se puso en la calle “Assorted cookin’” para catalogar en álbum todas las piezas que los Wagon tenían diseminadas en maxis y en álbumes de otros artistas. Ahora, después de un año asentados en Brasil, aparece un primer proyecto global. “Teníamos ganas de hacer un disco con concepto, con un porqué. Nos fuimos a un pueblo perdido, sin asfalto y en el que se iba la luz, para hacer el trabajo de papel y lápiz. Lo repasábamos en la playa y, durante tres meses, fuimos investigando y buscando los músicos que nos podían ayudar en el proyecto. En total, en ‘Everyday life’ aparecen más de veinte músicos. Nos resultó un poco complicado explicarles nuestra dinámica de trabajo: teníamos los temas pero… ‘no los teníamos’, ya que el resultado final siempre parte de lo que nos sugiera la aportación de los músicos y lo que hagamos posteriormente con ella”. La elección de Brasil no es casual: “Allí hay un montón de grupos afro que realizan también una gran labor social con la juventud, otros grupos de rock que combinan lo afro con el hip hop, etc. Hay bastantes músicos y shows de jazz y bossa. Desde luego, Salvador es una ciudad con bastante ambiente musical, muy efervescente en el verano hasta el carnaval, que es cuando explota en mil colores y es digno de ver y de vivir”. Con todo, da la impresión de que, en breve, Salvador se convertirá en el faro de referencia de un viaje constante. “Nos apetece estar en Londres un tiempo. Si vamos allí quizás nos quedamos unos meses antes de volver a Brasil. Nos apetece pasar temporadas en otros sitios. Es como cultivarnos en otros países para luego explotar en Brasil”. Y no será difícil. Internet está favoreciendo enormemente el crecimiento internacional de Wagon Cookin’. Su primer álbum tuvo también edición mexicana; tocaron en Suiza, Alemania, media Europa y una semana en Japón llegando a compartir cartel con Chick Corea en el aniversario del Blue Note de Tokio. Ya les llaman desde Estados Unidos, aunque su música no llega allí más que por medio de la importación, y el número de países que les reclaman no para de crecer. Del mismo modo, gente como Little Louie Vega, de Masters at Work, les solicita (uno de tantos) remezclar sus temas para nuevas ediciones. Evidentemente, la fusión orgánico-electrónica de los Wagon ha calado en todo el público que la ha escuchado. En España se les considera tanto para festivales de jazz como para carpas dance de festivales rockeros y lo mismo explotan una discoteca a las cuatro de la mañana que se plantean actuar con su banda en un horario razonable. La posibilidad de calar entre el público mayoritario es inmensa dado que cuentan con lo más importante para ello: una música accesible, tremendamente bien hecha, mestiza pero sin folklore, actual, con un acertado uso del ritmo y con un concepto contemporáneo que sorprende tanto como agrada. “Everyday life” no es sino un escalón más en una escalera de caracol hacia lo alto, una colección de vivencias mestizas que destila house, samba, forro, flamenco (con la colaboración de Vicente Amigo incluida), dub, jazz, funk… E.P. Wagon Cookin’. “Everyday life”. Dro
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