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Ash
Una cosa buena que tiene Ash es que cada uno de sus discos dibuja muy bien la situación de la banda. Eso hace que difícilmente se repitan y, al mismo tiempo, les permite medirse en distintos terrenos comparando sus gustos personales con lo que el público espera de ellos. La aparición de Charlotte Hatherley para hacer “Nu-clear sounds” (98) supuso un cambio de orientación notable en la música de Ash: hasta ese momento su balanza se inclinaba por el punk y a partir de entonces entró en contacto con el pop. El publicar hace un par de años el recopilatorio “Intergalactic sonic 7”s” ha resultado ser un paso del mismo calibre. En principio, el grupo anunció que dicho disco aparecía para no separar mucho su “Free all angels” (01) de lo que sería su siguiente disco, aquél que se haría tras una extensa gira norteamericana. Ahora, en “Meltdown”, se aprecia considerablemente lo que el mercado estadounidense ha marcado este entretiempo. Y el resultado plantea a unos Ash que igual pueden seguir creciendo como desandar todo lo andado. “Meltdown” es ya, decididamente, un disco de pop con algún que otro tema guitarrero. El grupo se perfila bien en ese terreno y, actualmente, compone con gracia canciones en las que el coro o el estribillo resultan fáciles para el oyente. Del mismo modo, los interludios que recuperan el rock abundan en lo melódico y no rompen el conjunto de un modo radical. “Meltdown” muestra, más que probablemente, el hecho de que, actualmente, los gustos de los chicos de Ash coinciden, más que nunca, con los gustos del público mayoritario: música ligera con algún que otro subidón que aporte marcha pero que no atruene. Impoluto, muy digestivo y perfectamente asequible para cualquiera, el álbum es un fiel retrato de los Ash del 2004. E.P.
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