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Alanis Morissette
Algunos apuntaban a que Alanis Morissette iba a ser la siguiente damnificada dentro del “echar balones fuera” que casi todas las discográficas gigantes están realizando desde hace un par de años. Ya sabes: esos despidos urgentes de gente que, aun vendiendo un par de millones de discos, no consigue cubrir sus gastos. Numerosos eran quienes veían en la protagonista de “Jagged little pill” (95) a una candidata perfecta habida cuenta de que sus posteriores entregas (“Supposed former infatuation junkie” en el 98, el “Unplugged” del 99 y “Under rug swept” en 2002) no habían igualado, ni de lejos, los éxitos de ventas de su predecesor. Pero la Morissette tiene algo a su favor que, por lo que parece, la ha servido: no ha bajado su listón de calidad en demasía y ha conseguido hacer que su estilo sea reconocible e imitado. La que nació siendo una “aspirante a clónica” ha terminado convirtiéndose, en cinco o seis años, en una de las artistas más imitadas por las nuevas chavalas que inundan el panorama pop rockero norteamericano. El último disco de Alanis sólo puede decepcionar a quienes no hayan disfrutado con sus obras anteriores, ya que este “So-called chaos” tiene más o menos lo mismo que aquéllos. Hay piezas de medio tiempo, explosiones de fuerza y evidencia sonora, buenas interpretaciones vocales y un trabajo de producción espectacular por momentos, es decir, nada nuevo ni sorprendente, los mismos mimbres que han dibujado el estilo de esta mujer. Puede que eso sea, precisamente, lo que más se la pueda echar en cara, pero, evidentemente, cambiar no es una obligación y cada oyente decide dónde tiene su límite de cansancio. Dentro de su discografía, “So-called chaos” no es ni el mejor ni el peor disco de la canadiense. E.P.
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