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Doctor Deseo + The Vientre

Gruta 77. 11 de junio de 2004

Bonito programa doble, aunque descompensado. En esta ocasión, The Vientre no justificó en exceso la necesidad del retraso. El cuarteto mostró su repertorio como suele hacerlo, con un nuevo cambio de formación, canciones antiguas y alguna sorpresa novedosa que, por lo que se ve, seguirá sin formar parte de ningún disco. Hay que empezar a pensar por qué un grupo que funciona tan bien en el circuito madrileño y sale a la carretera con bastante frecuencia se muestra tan perezoso para hacer un álbum. Es como si su carrusel de miembros adorara una postura de culto que obliga a sus acólitos a peregrinar por sus conciertos antes que a comprar copias de sus trabajos. Tienen buen frontman, buenos músicos y excelentes canciones que parten de la poesía arrabalera para retratar un mundo que, aunque plenamente real, nunca aparece en los periódicos del día.

Lo de Doctor Deseo tiene también un algo de culto, aunque lo suyo, por lo menos, entrega discos puntualmente, trabajos preciosistas que muestran un mundo personal a través de un pop de terciopelo. Doctor Deseo es, en plenitud, un depredador de realidades, una cámara de fotos unida por error químico al pecho de su compositor. Francis, excelente y provocador frontman de la banda, se pierde en las realidades oscuras de una ciudad viva, capta sus incongruencias y, lejos de analizar, las plasma en un fresco que luego es recreado en directo viviéndolas desde dentro de la piel. Tras él, un sólido cuarteto instrumental que presentaba nuevo guitarrista pero que no sufre en esa faceta ningún tipo de altibajos. Los músicos, en esta formación, son la banda sonora para el exhibicionismo del alma de Francis. Y él, con evidente lujuria rebosando por los poros, expone los sentimientos como entremeses en un plato, dignos para ser devorados por todo quien conecte con su química. Unas veces son chicas que juegan a ser groupies y que se olvidan de que fueron al concierto acompañadas por sus novios, otras chicos con deseos hermafroditas y las más paseantes de la noche que han descubierto antes o después, en su vida real, lo que este personaje es capaz de plasmar tan líricamente en sus poemas.

Pero Doctor Deseo es también una banda a la que le gusta la oscuridad. Aparece por Madrid de higos a peras sólo con la excusa de presentar un nuevo disco. Es como si también disfrutara con que sus seguidores lo tengan difícil para extender su marea. Parecen ser conscientes de que, si su música llegara a la mayoría, ellos dejarían de ser anónimos. “Es un lujo verlos así”, comentaba una entregada vizcaína en el concierto; “en Bilbao sólo se les puede ver en pabellones de deportes y no es lo mismo”.

E.P.

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