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Celia Mur. Febrero de 2004 Voz de jazz
Dentro del jazz, Celia ha publicado recientemente “Las flores de mi vida”, segundo álbum en solitario y considerablemente alejado en sus propuestas de lo que, a principios de 2002, mostró en “Footprints”, su debut. “Aquél era mi presentación oficial y era más standard. En ese momento quería grabar un repertorio eminentemente jazzístico que me apasionaba. ‘Las flores de mi vida’ es mucho más personal, más abierto, y tiene justo lo que quería hacer: temas de mi padre, standards andaluces, latinoamericanos y brasileños. Eso también forma parte de mí, y es todo muy fresco, ágil y moderno”, comenta Celia. Ambos discos no son, sin embargo, la totalidad de la obra grabada por la vocalista; también tiene en su currículum dos discos más junto a la Blues Band de Granada, en el último de los cuales incluso compone un par de temas. “Estoy muy contenta con mi producción hasta el momento. Siempre he quedado muy satisfecha con los resultados teniendo en cuenta que son producciones modestas”, añade. Lo mostrado en “Las flores de mi vida” remite a una vocalista de gran talante, amplia sensibilidad y un excelente criterio a la hora de elegir un material que le queda que ni bordado. “Es un repertorio que canto desde pequeña”, dice, “y empecé a darle forma hace cinco años junto al pianista Cristóbal Montesdeoca”. Cristóbal participa, lógicamente, en el álbum, aunque a la hora de destacar instrumentistas uno no puede evitar fijarse en la aparición de Perico Sambeat y Tony Belenguer, músicos invitados que han pasado por aquí para echar una mano. “Perico conoció esta maqueta hace algunos años y le encanto el proyecto, así que no fue difícil contar con él. Nos conocemos desde hace algún tiempo y tenerlo ha sido un honor. Tony también es compañero mío desde que me trasladé a Valencia, donde resido desde hace dos años. Arregla de maravilla y creo que es uno de los mejores trombonistas del país. No hubo que explicar mucho. Enseguida se implicó”. Celia, que cita entre sus músicos favoritos a artistas de los más diversos territorios (desde Chano a Sarah Vaughan y desde Carmen Linares a Djavan, por ejemplo), cree que, en el momento actual, puede aportar “autenticidad, honestidad, gusto, trabajo y valentía”, cosas que llegan de modo natural cuando “haces algo en lo que crees profundamente”. En contra de lo que sucede en el mundo del pop, donde parece que con ponerse minifalda y colocar cara de vampiresa todo está solucionado, en el terreno del jazz las vocalistas no lo tienen tan fácil dentro del mercado español. “Para ser cantante de jazz tienes que ser músico y, además, músico de jazz. Es una música poco divulgada que la gente confunde con otros términos. Puede que sea debido al desconocimiento que hay en España sobre esta música”, comenta añadiendo que, en nuestro país, “hay un colectivo de músicos de jazz muy serio y de mucha calidad. Pero estamos solos, por desgracia”. Las barreras que artistas como Celia tienen para contactar con el público mayoritario no disminuyen en demasía cuando se trata de acercarse, incluso, al público más directo de esta música. “Nos falta que apuesten por nosotros, que se mojen un poco y pasen de los supermegamanagers del universo que colapsan la entrada a los festivales a músicos españoles. Si se hiciera eso no habría grupos de primera o de tercera, sino grupos con una gran experiencia y otros más noveles que también tienen la necesidad y el derecho de mostrar su trabajo y vivir dignamente”. En su reivindicación, Celia llega a invocar al Ministerio de Cultura dado que, según ella, no atiende debidamente a los músicos nativos en comparación con lo que se realiza con los extranjeros. Aun así, la granadina no se arruga y, si no puede crecer aquí, no tiene reparo en cruzar el charco y volar directamente a los Estados Unidos. “Tengo previsto estar hasta primeros de marzo en Nueva York, estudiando y trabajando. Me llevo mi disco por allí a ver qué pasa. Soy mi manager. Voy a cantar también en una iglesia en Brooklyn, así que, durante este tiempo… aprender, trabajar y vivir”. Como se puede comprobar, aunque las expectativas comerciales de su obra no sean para tirar cohetes, eso no va a impedir a la vocalista continuar cumpliendo sus sueños. “Quiero seguir trabajando como hasta ahora y que mis condiciones económicas sean mejores, como cualquier otro profesional. Y, tal vez, poder grabar en el futuro, sin prisas. A ver si pudiese trascender un poquito más mi trabajo…”. Ojalá. R
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