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Bellrays
Los Bellrays tienen algo especial, sin duda. Siguen pareciendo, en muchas cosas, una banda primeriza; pero, con las mismas, suelen abordar la grabación de cada uno de sus discos (ya son cuatro con este “The red, white & black”) como si fuera el primero y el último. El grupo apareció en el 99 con una autoproducción grabada en vivo, pero no llegó a nuestro país hasta que, en el 2002, se realizó una edición europea que recopilaba lo mejor de sus dos primeros discos oficiales. El álbum, “Meet The Bellrays”, venía acompañado de una gira que emocionó a quienes vieron al grupo en directo. Y no era para menos. El cuarteto parte de un rock pesado clasicote, pero cuenta con la incorporación de una vocalista (Lisa Kekaula) que parece la reencarnación de las más aplastantes reinas del soul de los 60. Con eso, la locomotora que representa el grupo aporta la fuerza de la música negra con la sola presencia de su cantante mientras sacude rock blanco a base de guitarrazos y una base rítmica de ésas que parece darse continuamente contra la pared. Un híbrido interesante pero, sobre todo, básico y comunicativo: resulta imposible no impresionarse al escuchar a la pantera negra retorciéndose entre sonidos que parecen sacados del antiguo Detroit. Lo único que se puede achacar al grupo es flojería en las composiciones, falta de variedad y una mínima diversidad rítmica, aunque, incluso así, son una de las mejores bazas que ofrece el rock actual. Si no te lo crees escucha un par de piezas de este álbum. Y, si no te llega al alma, es que algo anda mal en tu organismo. E.P.
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