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Alberto Conde

“Entremares”. Karonte. Febrero de 2004

Yo soy de quienes creen que, en los últimos diez años, el jazz español ha avanzado más que en toda su historia anterior. Probablemente, junto con el hip hop, ha sido el género que más ha crecido en calidad en la última década. En ambos campos el determinante ha sido la aparición de una generación de músicos que ha entendido, de una vez, que tanto el jazz como el hip hop son “modos de hacer música” y que es absurdo intentar repetir esquemas de otras culturas cuando la que mejor entendemos es la nuestra. Alberto Conde nació en Venezuela, pero eso parece ser un accidente ocasional, ya que suena a gallego por todos los poros de la piel. Su reciente “Entremares” viene a ilustrar lo que decía más arriba.

El jazz puede ser de Nueva Orleáns o de Chicago, pero también puede ser andaluz o gallego. La cuestión es que se toque música andaluza o gallega con formas de jazz. Y eso es lo que hace Alberto: abordar la tradición gallega del mismo modo que cualquier músico norteamericano aborda la suya. Para el asunto se ha buscado un escudero que también camina por los mismos senderos, Baldo Martínez, y ambos se han complementado con un batería todoterreno (Nirankar Khalsa) que es capaz de tocar sentado en el palo de una escoba todo aquello que le pongan delante. Juntos han hecho un álbum exquisito, fresco, abrumador, en el que melodías conocidas se entretejen con improvisaciones de un acertadísimo nivel técnico. Antaño, Tete Montoliú o Iturralde comenzaron a mostrar que puede haber un jazz español sumamente natural. Ahora tienes a Baldo, a Chano, a Javier Denis… o a Alberto Conde para darles la razón.

E.P.

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