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Asier Serrano

“Gerrari bai”. Oihuka. Enero de 2004

Que un álbum de Bon Jovi, Enrique Iglesias o Metallica no tenga las letras traducidas en el libreto del compacto no es algo de importancia, ya que no son músicos que se caractericen precisamente por decir cosas interesantes. Ocurre lo contrario con los letristas intensos: jode una barbaridad el hecho de que los álbumes que se comercializan en España no consideren la posibilidad de que el oyente, aparte de disfrutar con la música, se entere de la verdadera profundidad de las canciones que escucha. El hecho, si cabe, fastidia el doble cuando hablamos de artistas que, estando a la vuelta de la esquina (gallegos, vascos, catalanes…), tampoco tienen en cuenta ese apartado. Lamentablemente, Asier Serrano, antiguo Lorelei o Lubaki Banda, es de ésos. Por lo menos en su nuevo y flamante “Gerrari bai”.

Y fastidia porque uno de los frentes en los que Asier basa su expresividad es, claramente, su manera de componer los textos. En el terreno musical, que unas veces le lleva a remansos rockeros mientras que otras extiende la carpa del intimismo, el euskaldún se maneja cómodamente al elegir a sus compañeros con pericia y con un alto grado de entendimiento. En “Gerrari bai”, la música es suficiente lenguaje como para dejar satisfecho a quien la escucha, hay elementos de sobra para desatascar la sonrisa y para que aparezca la mueca de la complicidad, pero, precisamente por ello, uno nota que se le arrebata, en estas canciones, algo grueso y contundente, algo que llevaría estas canciones a terrenos de mayor comunicación personal. Se nota, desde cualquier interpretación, que Asier no es de los que ñoñea o se inhibe, y eso se pierde aquí si no entiendes el euskera.

E.P.

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