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Darkness

Aqualung. 14 de diciembre de 2003

Pocos grupos han levantado tanto recelo y expectación en el 2003 como el cuarteto que da vida a The Darkness. Son, para muchos, la nueva y máxima expresión del rock clásico, la vuelta condensada de los 70’s y 80’s. Su primer disco, "Permission to land", les lanzo de lleno al número uno de las listas de ventas británicas y su éxito pasa por gustar a amantes del hard rock y también a quienes no lo son. La clave, quizás, es el surgir en un momento en donde no había oferta pero sí demanda de una combinación de buena música, espectáculo y diversión. El interés que esta banda ha despertado en toda Europa también llego a España en forma de gira con conciertos en Bilbao, Madrid y Barcelona. En Madrid, en concreto, hubo hasta cambio de local ante el aluvión de personal dispuestos a verles.

La sala Aqualung hizo un lleno completo para recibir, en su mayoría con los brazos abiertos, a estos excéntricos músicos. Rocket Sciene fue el grupo encargado de ir calentando el ambiente a golpe de batería poderosa y con sonido de rock de garaje ingles (consiguiente y clásico destrozo del escenario al terminar). Con poco más de media hora de retraso el respetable reclamaba ya a silbidos la presencia de Darkness.

Tres minutos después las guitarras de los hermanos Hawkins (Justin, voz, y Dan) daban comienzo al espectáculo con "Bareback", instrumental registrado en el single de "Growging on me". The Darkness son como en las fotos, un espectáculo visual en vivo y, estéticamente cuesta ver algo similar en la escena. Justin, con sus ajustados pantalones a rayas y acampanados, mostró desde el inicio que es la piedra angular de esta formación y no sólo demostró ser un gran instrumentista, sino también un showman al más puro estilo de Steven Tyler o David Lee Roth. Sorprendió que saludara al público con una soltura y una gracia innatas, propias de quien se cree una rock'n'roll star por naturaleza. A la derecha, su hermano Dan, más tímido y con una impresionante camisa de los Thin Lizzy. A la izquierda, el excéntrico bajista Frankie Poullain (quien recuerda a una mezcla entre Prince y Phill Lynnot) y a la batería el menos colorista Ed Graham.

Tras las presentaciones llegaron los acordes de "Black shuck", todo un homenaje a los riffs y maneras de AC/DC que permitía comprobar que todo lo impecables que suenan en el disco son capaces de trasladarlo al directo. Criticado y famoso por sus más que acusados falsetes algo queda claro: Justin posee y controla, sin apenas acobardarse, una gran voz, casi operistica, que hacen del conjunto un grupo poderoso y con presencia llenando el escenario sin esfuerzos. Y fue sin mucho esfuerzo como The Darkness lograron meterse en el bolsillo a quienes allí fueron a verles. El público, de lo más variopinto y dejando a un lado los ghettos musicales (eso sí: mucho guiri apoyando el producto nacional), con manos arribas y movimientos de caderas y melenas, no dejo de saltar y venirse arriba con sólo oír el primer acorde de singles como "Growing on me" o la popular "Love is only a feeling".

Como anunciaban, The Darknesss es el puro reflejo de lo espectacular, de la excentricidad y el glam hecho música, una acertada mirada al pasado. Entre cambio de vestuarios, acrobacias vocales, saltos propios de un gimnasta y recorrido a hombros por la sala como si fuera el mismísimo Angus Young, Justin y compañía hicieron del concierto una velada de autentico rock'n'roll festivo, divertido y sin pretensiones. Llama la atención el continuo feedback entre público y grupo ya que la banda se muestra tan suelta como quien lleva años y muchos conciertos de gran tamaño a sus espaldas. Justin no dudó en jugar con el público invitándole a seguirle y emularle en sus falsetes (algo muy difícil, todo sea dicho).

El repertorio, de canciones cortas y rápidas, supuso un concierto de poco más de una hora dejando buen sabor y ganas de un poquito más. Para el final quedaron los temas más populares, "Fryday night" y "I believe in a thing called love", y para terminar la función un "Love on the rocks with no ice" que fue toda una demostración de fuerza vocal y guitarreo duro. Sin salirse de lo establecido (repitieron tanto repertorio como el espectáculo dado en su último concierto en el Hammersmith de Londres) The Darkness dejó en Madrid un regusto a puro hard rock, un viaje en el tiempo, y la sensación de que, si las cosas no cambian mucho y la suerte les acompaña, pronto veremos a esta formación con nuevo disco en España. Aclamados y criticados, más iluminados que oscuros, puede que se conviertan en una de esas pocas bandas capaces de gustar y unir a un público diferente bajo un mismo techo con el solo fin disfrutar de música rápida, melódica y, como ellos, divertida.

Gemma Sanz

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