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Corcobado El Sol. 10 de diciembre de 2003 El universo de Corcobado no entra en los límites de lo habitual. Lo suyo, incluso, intenta, por momentos, salirse de los límites de la realidad. Pero la oferta sonora que antaño fuera transgresiva, obsesiva y radical hoy se ha tornado más asequible, más generosa y más cercana a los parámetros de la canción melódica. La música de este trotamundos ahora gira en torno a dos parámetros muy concretos: el primero responde a lo ya hecho, mira al pasado y recupera de él lo que se considera más válido; el segundo entra de lleno en el material de “Fotografiando el corazón”, su último álbum y el que le ha recuperado para el panorama discográfico. El que surge de lo hecho es consistente, explora la salvajada sonora e impone, sobre todo cuando la banda responde y no se pierde en ruidos porque sí. La segunda flojea notablemente: construir canciones de corte lento evitando la melodía de voz es algo que sigue sonando a hueco cuando se pone encima de un escenario. Pierde ambiente y se diluye. Corcobado alineó su repertorio en base a estos dos cursos y colocó en primer lugar las baladas. En ellas no se le ve bien: es como un crooner que, en lugar de violines y piano, utilizara ruidos como acompañamiento. En la segunda tanda todo mejoró: las guitarras empezaron a rasguearse, el sonido tomó empaque y llegó la música rayada y obsesiva. El público también se decantó por lo acelerado y eso facilitó su gratitud y satisfacción. Todo terminó mucho mejor que había empezado. E.P.
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