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CONVERGE
Epitaph/Pias NOISECOREMenos mal que el combate sólo duró 35 minutos, y que en el ecuador del mismo, a la altura de “In her shadow”, le dejaron retirarse a la esquina para escupir el bocado y recuperar el aliento. Supo entonces que no debería estar allí. Pero ya era tarde. Incapaz de seguir el velocísimo juego de pies del rival, de soportar cambios de ritmo como el de “Drop out”, aguantó a duras penas las atroces series del adversario. Lo habitual es que el árbitro empiece a contar a la altura de “Hope street”, pero aquel cabronazo prefería mirar para otro lado. Le habrían untado. Seguro. A la altura de “In her blood” no sabía si iba o venía: de cuerda en cuerda, trazando diagonales sobre el cuadrilátero, dibujando el pánico en el rostro de los espectadores cada vez que volvía a levantarse. Le habían avisado, se lo habían dicho mil veces. Enfrentarse a la música de Converge es, en realidad, una experiencia física de regreso incierto. Ahora sabía que no mentían. César Luquero |