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Backyard Babies
La primera vez que escuché el álbum me acordé de lo que escribí el mes pasado sobre lo nuevo de Monster Magnet. Estos suecos me trajeron de cabeza (y no fui el único) cuando pusieron en la calle “Total 13” en el 98. Lo siguiente que entregaron (“Making enemies is good”) llegó tres años después y no hacía sombra, para nada, a su predecesor. Ahora lanzan “Stockholm syndrome” y ocurre lo mismo. El disco me ha agradado (también lo hizo el anterior), pero me da la impresión de que un conjunto de canciones como el que se plasmó en “Total 13” no está a la altura de los Babies cada vez que entran al estudio. Es su obra maestra y ya está. Es tontería hacerse ilusiones con que un disco así pueda volver a repetirse. Y si lo hacen… pues mejor para todos. “Stockholm syndrome” no es, ni mucho menos, un disco mediocre. En absoluto. Tiene todo lo que puedes esperar de estos suecos y una producción que va cogiendo cada vez mejor a la máquina que esta gente pone en marcha cuando enchufa sus instrumentos. El álbum tiene sus puntos, suena razonablemente intenso en casi todos sus cortes y aporta melodías quedonas que ganan según le concedes escuchas. Ahí está el sudor que se destila desde las guitarras, esa voz que escupe con una energía demoledora y esa base rítmica que siempre está a punto de descacharrarse por agresiva. Backyard Babies no es, precisamente, un grupo de estilo: hace rock poderoso y rápido, genuino y clásico, duro y aguerrido, pero sin conseguir trasladar a sus canciones la personalidad que el grupo imprime en sus conciertos. Con ésas, “Stockholm syndrome” es un disco curioso y bien llevado, pero no cambiará la historia. E.P.
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