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Ana Pozas

“Sin querer”. Dro. Abril de 2004

Tengo que admitirlo: en cuanto veo a una nueva solista en el panorama popero español… me asusto. El género está trabajado hasta la saciedad por las compañías más grandes y, casi siempre, orientan a las chicas a un terreno sexy-vampi que me cae fatal. Hasta un proyecto tan válido como puede ser el de Amaral me echa para atrás en cuanto veo a su vocalista con esos minivestidos de diseño sobándose el cuerpo como si se diera crema. Es un modelo que, independientemente de su calidad, me cansa.

Quizás por contraposición me dejo influir por gente como Ana Pozas. Me gustan sus discos (dos hasta el momento contando con este “Sin querer”) y todavía no he tenido la posibilidad de verla encima de un escenario. Quizás cuando la vea me pasa como con sus compañeras, pero de momento no puedo sino valorar su trabajo. Y éste, tengo que admitirlo, me llega con facilidad, con canciones bien producidas (primero fue Alejo Stivel y ahora es Rafa Sardina) y con una línea musical que no abunda en el chunda chunda de Marta Sánchez o Chenoa, por poner un ejemplo.

Ana parece disfrutar con la música americana y sus composiciones siguen esa línea electroacústica que, cuando se trabaja bien, genera tan buenos resultados. Sus letras evitan lo evidente y, aunque para mi gusto hay excesivas historietas sentimentales en el disco, trasmiten, calan. Su voz tampoco es de las que susurra ni de las que juega a seducir: se planta con un muro de sonido muy AOR y se defiende con soltura.

“Sin querer” puede sonar, por momentos, a sobreproducción, pero, en conjunto, es un álbum la mar de agradable que puede descubrir una voz española que no tuvo mucha suerte con “Seguir viviendo” (su primer álbum).

E.P.

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