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En el circuito madrileño arrasan los grupos de versiones. Abril de 2004 El gustazo de tocar en tu banda favorita… o en su doble. Imitar a los grandes, copiar sus virtudes y trasladarlas, en directo, hasta nuestros días. Desmenuzar unas canciones, pilares indiscutibles del rock mundial, y unirlas en un repertorio consagrado que, en muchos de los casos, sería materialmente imposible ver interpretado por su creador (El tiempo nunca descansa). De esto se encargan los grupos de versiones, las bandas que sustentan su repertorio en la obra de otro grupo o artista. Pero no queremos tratar a grupos que versioneen a sus grupos favoritos simplemente (léase aquéllos que viajan por la historia del blues o quienes navegan por el rock de los 50). No: nosotros queremos llevar a la palestra a bandas que hacen versiones de una sola banda o de un solo artista, formaciones que se deban a un único nombre. “Es una forma de rendir tributo a los grandes y, al mismo tiempo, pasártelo bien. Además, sus temas, después de casi cuarenta años, conservan la misma frescura y, sobre todo, la fuerza. La prueba es que hay muchos jóvenes que escuchan a Deep Purple y que sus canciones siguen sonando en los medios”, advierte Toni Menguiano, la voz en Los Parpel (imagínate a quién versionean).
Si echamos un vistazo (un mes cualquiera) a las programaciones de garitos que se anuncian en esta publicación nos encontramos con esos grupos de los que hablamos, las bandas de versiones. En esa programación no falta, por ejemplo, La Leñera (especialistas en clonar a los madrileños Leño), AC/NE (dedicados en cuerpo y alma a revisitar a los australianos AC/DC), Tutto Toto (que se recrean en las canciones de los californianos Toto), Abraxas (que expolian del legado de Carlos Santana), Bluemia (que se sustenta en la música de Robben Ford) o la All Together Band (que ataca calurosamente los temas de los de los Beatles). Si acudes a una de esas citas, a uno de esos conciertos, con ganas de empaparte de tu grupo favorito, te encontrarás con unos músicos (no digo todos, pero la gran mayoría tiene grupos paralelos) que, probablemente, admirarán más que tú al grupo al que están dedicados: son músicos que tratan con devoción y respeto la obra que alimenta su repertorio. Ejemplo de esta admiración nos la trae La Leñera, grupo formado por Pablo Castelonotti al bajo (miembro fundador de The Vientre y componente de Mala Cabeza o Tarascada), Alvaro Ruiz a la batería y coros (le puedes ver tocando simultáneamente en El Clavija nos es Traidor) y Conan Carmona a la guitarra y la voz (también le has podido ver tocando en Corazones Negros o Licor de Blues). Precisamente él, en nombre del grupo, nos cuenta la importancia de Leño en su memoria musical: “Hombre. Para mí … supongo que para mucha gente es un referente en cuanto a su actitud, su música y sus letras. Hoy por hoy están en forma esas canciones y se mantienen tanto o más válidas que en sus días. Aquella época no era nada favorable para quienes tenían esa rebeldía con la sociedad; se vetaba el rock. En el terreno musical… ¡qué voy a contar! Con trece o catorce ya tocaba ‘El tren’ y ‘Cucarachas’ con la guitarra en el parque. Siempre los he escuchado desde entonces”. Más de eso encontramos en el caso de Javier Alcón, la voz que, junto a Kiki Tornado,Julián Kanevsky,Manolo del Campo y Javier Rojas, se transforman, desde que comenzó a fraguarse la idea en el año 94, en AC/NE, la replica madrileña de los “isi/disi”. El mismo Javier nos explica la alienación que sufrió por parte de los rockeros australianos el día que se cruzaron por sus tímpanos: “Decidimos hacer versiones sólo de AC/DC porque, ya desde pequeño, conocía y seguía fanáticamente a Bon Scott, líder de esa banda. Un día, en La Factoría, donde ensayaba con Licor de Blues, me colé en el local de Los Elementos, pues el sonido que atravesaba las puertas de ese local era brutal, y me puse a cantar con ellos. Hubo muy buen feeling entre nosotros, nos gustamos mutuamente… y así nos juntamos. Lo que me atraía de esa banda (tenía catorce años cuando la escuché) era el sonido tan simple de dos guitarras panoramizadas y, a la vez, tan contundentes que me costó introducírselo a mis colegas. Para ellos, ese sonido era muy duro, pero sucumbieron. Sigue sin haber una banda que consiga esa arquitectura y ese sonido tan compacto y tan personal en directo”. Tras la devoción hay que copiarles “Somos súperfieles al original. Pienso que, si lo que vas a hacer es dedicarte a tocar versiones en garitos o en fiestas, lo que el público quiere oír y ver es a un grupo haciendo la versión lo más parecido posible al original. Quieren escuchar y decir: 'Coño: son Police'. Sólo los pocos músicos que se encuentren en el público pueden apreciar los arreglos que se pueden hacer en un tema. No tocamos para los músicos, claro: tocamos para el público que se quiere divertir. Ahora bien: es distinto si vas a grabar una versión en un disco. Ahí sí puede ser interesante hacer algo original”, comenta Johnny al respecto de tratar la obra ajena (y, en la mayoría de los casos, universal) de los artistas que se copian, en este caso Police. Ponerse en la piel de una de esas bandas al interpretar sus composiciones resulta complicado y laborioso, teniendo siempre en cuenta que debe quedar, como mínimo, creíble y ejecutado sin ningún titubeo. Si bien todos podemos imitar con la melopea los saltitos de Angus Young, corear en un bar un estribillo de Leño, parodiar a Santana con un palo de escoba por guitarra, bailar moderno como Sting o cantar tiernamente el “Yesterday” en una acampada adolescente, ponerse a tocar esas canciones en serio, con los instrumentos en ristre y a todo volumen, es harina de otro costal. Requiere paciencia y un grado musical superior en la mayoría de los casos. Ante todo… mucho tacto.
La mayoría de los grupos, como es de ley, tratan de ceñirse al máximo a la obra original trasladando a los oídos de su público una réplica exacta de lo que hicieron sus predecesores sin añadir una pizca de su cosecha propia, buscando la esencia y el detalle que hizo mítica a una u otra banda de las evocadas. “La dificultad es conseguir esa simplicidad y ese peso, así como los ritmos boogie y hard rock entrecortado. No hacemos ningún tipo de arreglos porque, precisamente, lo que pretendemos es transportar al público al mismo corazón de AC/DC. He tenido la gran suerte de verlos con Brian Johnson tres veces: son brutales”, se emociona Javier Alcón. Nos quedamos en ese detalle, en el de haber visto actuando a tu grupo favorito. En este mismo número hablan los gallegos Ultracuerpos de un concierto entero dedicado a los MC5. Jamás los vieron, claro. Los granadinos PPM han rendido pleitesía a los Ramones dedicando conciertos enteros a su legado. Los vieron en directo. Los vallecanos Juanramones también tuvieron una corta existencia venerando a los de New York. Indaguemos entre nuestros invitados y veamos quiénes pudieron disfrutar de las virtudes de su grupo favorito. Empecemos por los cercanos Leño. “Los vi una vez”, dice Conan; “creo que era la última que tocaron. En San Isidro, en el Paseo de Camoens. Tocaban Amancio Prada, los Chunguitos con Azúcar Moreno a los coros y, por fin, Leño. Fue total; yo estaba perjudicado por las fiestas, pero allí estaban. Pablo también los vio en ese mismo concierto”. “El único que no los ha visto soy yo”, dice Toni Menguiano, “y el que más datos recopila es, sin duda, Jaime”. “Fíjate que tuve oportunidad de hacerlo, ya que soy neoyorquino y he vivido allí casi toda mi vida, pero nunca les he visto. Mis conciertos siempre han sido un poco más heavies. Me arrepiento ahora. Pero siempre nos quedará Sting”, añade Johnny. Conan, desde La Leñera, nos habla de ese estudio o análisis que hacen de Leño y su obra a la hora de ponerse con las manos en la masa en el local de ensayo (aunque esta faceta de local no sea el fuerte del grupo): “intentamos respetar al máximo las canciones, pero en ocasiones tenemos que hacer alguna cosa propia. Por ejemplo: los finales de los temas que acaban en fade-out (bajándose el volumen, n. de a.). También hay veces que nos calentamos y damos un par de vueltas más en alguna canción. Recuerdo un comienzo distinto en un tema, pero no digo cuál, porque solemos montar un concurso en directo y regalamos un cubata a quien lo adivine. ¡Ah! Y hacemos temas que Leño jamás tocó en directo: ése es un motivo más para que te crucifiquen si lo haces mal”. ¿A la gente le gusta ver a estos grupos? Indiscutiblemente (nos ha quedado claro), el músico se lo pasa pipa recreándose en un repertorio tan consagrado como ajeno: se deleita arrojando riffs que son axiomas del rock, soltando redobles que hicieron bailar a generaciones, punteos pioneros arrebatadores y tóxicos. Pero siempre está el examen del público que, al no poder evaluar la creatividad, centra su juicio en el respeto y fidelidad que se tenga al original.
Sobre las motivaciones de un grupo de monoversiones a la hora de hacerse el circuito de actuaciones delante de un público difícil de sorprender, Conan nos suelta un sincero pliego de descargos: “nuestra idea era y es que esos temas de Leño que tanto hemos cantado y bailado volvieran a oírse, a disfrutarse, a verse en directo. Esto es un tributo que rendimos con toda sinceridad, respeto y cariño. A la vez, hay gente que no conoce demasiado a Leño, uno de los grupos más importantes que ha dado este país. Nosotros damos la oportunidad de volver a sentirlo o de mostrarlo, siempre disfrutándolo nosotros al hacerlo”. Johnny, el castizo (venido de los EE.UU.) ‘Summers’ que toca junto a Jorge del Arco, el ‘Sting’, David Saura, el ‘Stewart Coppeland’ y Darío, el ‘Kirkland’, a las teclas en Synchronicity, nos habla de ese contacto con el exigente público que acude a sus conciertos, siempre con una amonestación que hacer a los recreadores de la ajena música que ejecutan: “la mejor crítica es la más común. Nos suelen decir que hacemos las versiones clavadas al original y que, sobre todo, nuestro cantante/bajista tiene la voz idéntica a Sting. Hasta su forma de tocar el bajo es igualita. Es normal… es que el chico come, duerme y caga Sting todo el día. La peor crítica puede ser que tardamos mucho entre tema y tema y se pierde un poco la comunicación con el público en los silencios. Pero, en general, todos quienes nos han visto han disfrutado de lo lindo. ¡Incluso nos han pedido autógrafos! Aún no me lo puedo creer. Yo firmo Andy (Johnny) Summers, claro”. Los pesados y seminales Deep Purple, pasados por el tamiz de Los Parpel, también son sometidos a critica: “La mejor crítica… Para mí, saber que hay gente que viene de otras provincias para vernos y llenar locales en sitios donde no habíamos estado antes. De todos modos, escogemos principalmente temas de la ‘época dorada’ de la banda (son los que más nos gustan) teniendo en cuenta los más conocidos y preferidos por el público, que no son pocos”. Conan nos trae el final del artículo contando los comentarios que el grupo ha escuchado a lo largo y ancho de sus ponencias en bares y clubs ante exigentes leñólogos: “Nos dicen a menudo: ‘me has hecho retroceder veinte años en mi vida’. En El Escorial nos habían anunciado la actuación poniendo: ‘unos clavaditos a Leño tocan esta noche’. Muy salaos. Lo malo me vino como nota escrita que decía: ‘el concierto muy bien, pero vivir a costa de otros no entra en el rock. Tíos: yo toco también y no me creo más que nadie. Un saludo. ¿Si queréis?’ Y ponía su teléfono. En fin: que el mérito no es sólo nuestro”. Turrón & Babas
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