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Aïsha. Septiembre de 2003

Aportar sea donde sea

¿Mestizaje? ¿Fusión? ¿Cuántas veces se utilizan estos términos para referirse a músicas radicalmente diferentes? En el caso de Aïsha dicha fusión es “una visión alegre y esperanzadora de las cosas. Esto se traduce en una música muy bailable, con letras que hablan desde hacer el amor hasta comer galletas, usando todo tipos de instrumentos, como el violín, la cora, el acordeón o sonidos electrónicos”. Aïsha, grupo formado en Cataluña por Robert Abella, Oscar Medina y Rafel Plana, no se refiere, en su definición, a una música de pachanga y pandereta ni a un ejercicio de virtuosismo ligero con melodías tenues y pasajes instrumentales. Su fusión va “de la música mediterránea a la balcánica, del trash-metal al hip hop pasando por el funky o la electrónica. Siempre intentamos escuchar todo lo que cae en nuestras manos, todo lo que pueda o deba enriquecer nuestras canciones”. El resultado de tal híbrido de influencias se refleja en “Els cammels no prenen café”, el primer álbum del trío y un ejercicio absoluto de tolerancia estilística. “Hace casi tres años que se formó Aïsha, con muchas ganas de unir esfuerzos para vivir de la música, hacer cosas creativas e ir de un sitio para otro de cachondeíto, hacer barbacoas y otras actividades similares. Y hasta hoy”, cuentan. Y añaden que “lo que pretendemos es aportar algo al panorama musical, sea de donde sea, pero sobre todo a la gente, también sea de donde sea, y a nosotros mismos”.

El álbum que pone al trío en el mapa es su primera experiencia dentro de un estudio de grabación y el resultado se ofrece como demoledor para quien, entre tanta novedad, busca siempre algo original. “La verdad es que, de momento, el disco está teniendo una muy buena repercusión entre los medios y el público y nos está ayudando a que la gente venga a vernos a los conciertos, que es lo que nosotros queremos”, dicen. La música universal, mediterránea, folklórica, electrónica y bailable de Aïsha se codea, en este debut, con lo más llamativo que las músicas minoritarias han aportado en los últimos meses, elementos que pronto han calado como referentes y que tienen punta de lanza en formaciones como Ojos de Brujo o KBI. “Creemos que, en el panorama musical, hay falta de imaginación, demasiada mitomanía y un chanchulleo general que no ayuda nada a mejorarlo. De todos modos, sigue habiendo gente y grupos que ayudan a no perder la esperanza y a seguir disfrutando de lo que hacemos”.

Aïsha (nombre árabe de mujer que significa “agua y vida” o “amada”) tiene ahora el deber de defender su fantástica propuesta en directo. De momento ya han tocado como posesos en abundantes fiestas patronales catalanas y es de esperar que, en breve, realicen el salto fuera de su zona de influencia. El hecho no impide que el trío esté dando ya sus primeros pasitos a fin de consolidar, con una futura segunda grabación, el magnífico estilo aportado en su debut. “Estamos pensando en cómo plantear el trabajo del segundo disco, que queremos grabar durante el año que viene, y también andar de arriba para abajo conociendo el máximo de gente afín a nuestra forma de ser y de trabajar”.

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