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El dance de aquí

por Ignacio Relaño. Septiembre 2003

Invoquemos aquella frase del político y convirtámosla en pregunta: en materia de producción musical electrónica. ¿España va bien? Dicho de otro modo: ¿cuenta nuestra escena con artistas y sellos de calidad que mantengan el pabellón en condiciones? Pues sí: la respuesta es afirmativa. A ver qué os pensabais…

¿Que mucho DJ y poco productor en el país de OT? Es cierto. Los primeros salen de debajo de las piedras mientras que los segundos son los menos. Sin embargo, también es el país de Sónar, de Evantec, de Klikekture, de Jerard Macías, de colectivos comprometidos… Además --invoquemos ahora el tópico--, lo que importa es la calidad, no la cantidad. Puestos a considerar esta última cuestión ya puede ir reduciéndose la saturación que nos abruma en el panorama internacional, porque, en opinión del que firma, la electrónica avanzará con menor fluidez de no calmar el ritmo. Entre la plaga de mediocridad aparecen nuevos artistas y trabajos verdaderamente innovadores, pero la industria, prensa incluida, no deja el suficiente tiempo de exposición, tiempo para dejar una huella sólida que genere influencias. Anthony Child (aka Surgeon) opina lo mismo, y él es uno de los grandes genios de esta movida.

Pero no nos vayamos por ahí; sigamos con esto que se llama España. Hemos apuntado festivales y eventos punteros como Sónar y Evantec, el murciano Ambar y el malagueño Avant; tenemos el Groove Parade, el Eólica, las programaciones de La Casa Encendida en Madrid, ciertos clubs con carácter, una prensa en buena parte fina, profunda conocedora y con criterio, suficientes tiendas especializadas, también on line, un público --tema algo peliagudo-- que “grosso modo” responde y es sensible al pulso electrónico de calidad… A lo que vamos: pese a Pont Aeri, Skorpia y demás hordas heroicas del techno, y ese DJ Neil y compañía en la Primera de TVE, la salud de la electrónica en España, a mi parecer, no está mal. Eso sí: también depende de la zona geográfica: al hablar de electrónica a menudo parece que nos ponemos centralistas y/o barcelonistas --no el sentido del blaugrana club, sino en el de la ciudad-- y no sin razón, pues son Madrid y Barcelona las ciudades que más acogen iniciativas electrónico-musicales. Pero éste es otro tema.

Lo que está algo peor es la producción: mucho DJ y menos verdadero creador. Ustedes me dirán: “pues yo veo que bastantes de nuestros DJs han publicado e incluso tienen sus propios sellos”. Y no se negará. Pero piensen que una de las características más atractivas de la música electrónica, a lo largo de su historia, es su naturaleza underground --ese talismán de la creatividad-- y que para mantener viva su llama es crucial la cantera, los amateurs, los chicos y chicas en sus casas experimentando y creando. No se trata de dar pábulo a todo tech-freakie que se grabe su CD, sino de tejer una red de sellos que, aunque no estén interconectados, sí logren crear sinergias y una presencia que motive y propicie más la creación que el comprar un disco y darle vueltas en el plato, que también. Se trataría de generar una mayor seguridad, de asegurar en la medida de lo posible que un nuevo y valioso trabajo no caerá en saco roto, de promocionar, en definitiva, con mayor energía a los valores de aquí.

Secundario me parece lo de lograr un sonido propio español: ¿qué más da? Si uno de los objetivos es calar en el extranjero lo principal son buenas producciones. Bien es cierto que unos rasgos de distinción son importantes --ahí está el ejemplo de la escena napolitana--; sin embargo, la clave siempre será un buen disco y que nos lo creamos. ¿Falta dinero, facilidades, seducir y convencer al público, fomentar una cultura, faltan ganas, confianza para salir fuera…? Pese a que ese complejo de inferioridad de los españolitos ya lo tomamos como lo que es, una anticualla, insistiré en su poca validez --del complejo, se entiende--. En este país hay artistas y productores con talento y el necesario buen hacer para fundar sellos y dar así a conocer y difundir sus trabajos.

En estos tres últimos años han salido al mercado CD mixes y recopilatorios que sirven como muestra de ese estado de cosas, discos en los que prima el material extranjero pero en los que encontramos puntuales cortes de factura nacional. “One, a different club”, de Pelacha (Aire Music), la serie “Salón de mezclas” (Serial Killer Vynil) a cargo de Cristian Varela y Tony Verdi, los “Rxxstance” (House D’Arret) de Oscar Mulero y Stoned Baby, propietario del sello, la “Wax session 1” de Angel Molina y los diferentes recopilatorios del festival Sónar por comentar los más destacados.

Digamos que, en comparación con otros países de profunda raigambre musical electrónica, España es claramente menos fuerte, pero capaz de presentar artistas muy capaces de sorprender y destacar. De las Islas Canarias a Barcelona, de Ceuta al País Vasco pasando por Madrid.

La capital es un punto clave en el panorama, un lugar que registra una elevada actividad creativa y productora. No obstante, en Madrid se encuentra Audiodrome, esa escudería techno, ese gran estudio al que están vinculados nombres fundamentales y míticos como Big Toxic, el francés madrileño de adopción que tanto ha hecho por la electrónica en este país (fundador del estudio Vulcano, movidas con Alaska (¿recuerdan?), cultivador de drum’n bass como Smol Tosi…); Leandro Gámez aka CIO, que ha grabado en el sello alemán Ongaku, en Fieber, en Superbra, que ha concedido una licencia de un tema suyo para un CD mix del internacionalísimo Carl Cox; Elesbaan, el residente del Soma Club ­así, con mayúsculas--, excelente DJ y productor; Luis Rozalén aka HD Substance, Xpansul…

Al hilo de HD Substance viene a colación el sello Atlas y Tranquilo Recordings, donde graba junto al conocido Dwachman, también madrileño. La firma Atlas, además de ser una tienda en la calle Monteleón, factura techno con clase referencia tras referencia. Ya van por la novena, un maxi cuya cara A viene firmada por el badalonés Angel Molina, figura importante del panorama patrio donde las haya. Fundador de Minifunk Recs, autor de “Loops1” y “Loops 2”, responsable del ya señalado CD mix “Wax sessions 1” (de la serie “Mixto” del sello So Dens, año 2000) y de otro titulado “Pasada Profesional” (Frágil-Enter Music, 2002), basado en material del sello argentino Frágil.

Volvamos a Madrid. Por otro lado, tenemos a un peso muy pesado cuyo apellido sugiere, ya inevitablemente, ya como acto reflejo --es lo que tienen los grandes--, el onirismo del oscuro techno inglés: Oscar Mulero, quien tal vez esté últimamente de capa caída como DJ. Opinable, pero… ¿a quién le importa eso cuando es fundador y propietario de Warm Up Records? Sellazo que se mide cara a cara con firmas del prestigio de las británicas Downwards, CounterBalance o Blueprint. Para Warm Up, Mulero es individualista, graba principalmente él solo y alguna vez invita a sus amigos para que disfruten del placer de publicar, como ocurre en las referencias 5 y 7, a cargo de techno-heads como los españoles Christian Wünch, Groof y Exium y el inglés Mark Broom. Y claro… Dado su talento, al señor Mulero también le hacen jugosas y tentadoras invitaciones: Theory, Coda, Kobayhasi… sellos radicados más allá de nuestras fronteras. Por cierto: en el haber de la discografía muleriana se encuentra un magnífico CD mix que, a pesar de sus cinco años de edad --salió en 1998--, se mantiene con plena vigencia y fuerza, lo que no es para menos teniendo en cuenta el musicón ahí contenido (“About discipline and education”, para la ya mentada serie “Mixto” de So Dens).

Siguiendo con sellos y en clave de techno apuntemos Brainwaves y House D’Arret, este último propiedad de Stoned Baby y en el cual se editó el disco de Nacho Sotomayor, “La Roca”, world ethnic music con ritmos y texturas electrónicas que, aun siendo atractivas, resultan ahora un tanto vulgares.

No olvidemos a otro que pega duro, Pepo, pinchadiscos amado por unos y odiado --de qué manera-- por otros. Productor certero --existe más consenso sobre este aspecto que, cual árbol de frutos, ha dado al mundo hard techno para los oídos más castigados desde sus sellos Rama Records y CPU. Con buen estilo, espectacular en ocasiones.

Junto a Mulero, dos muchachos de los pocos que pueden presumir de una fama internacional son Cristian Varela y Bando, sobre todo el primero, el pincha de los trucos más traviesos y malabaristas. Varela, con sus akas Christian Vareland y Carlos Durán (así se hace llamar cuando se pone housero), es fundador del colectivo Phrenetic, del sello Donkey Head, está metido de lleno en el británico sello Primate y Pornographic y, aparte, se codea con Tim Baker (ya saben, el de Chicago y el sello Elephanthaus). Bando, por su parte, es otro que tal baila: producciones para los internacionales Primevil, Superbra y Primate aparte de sello en propiedad, llamado Patchwork Recs, y abanderado por remixes de Marco Bailey y Valentino Kanzyani.

¿Qué decir de los Proyecto Mirage? Pues que no son profetas en su tierra, precisamente. Se han tenido que ir hasta Alemania en busca de reconocimiento a su techno contundente e industrial. La pareja chico-chica ha publicado dos CDs y un vinilo en el sello germano Hands.

En cuanto a los live acts merecen ser destacados el ya mencionado Christian Wünch (sello Tsunami, hard de la élite), Pez Electrónico (son de Guadalajara y cubren la electrónica en general), Boris Divider (madrileño que ha hecho y hace de todo, sobre todo ahora cultiva electro), Wagon Cookin (los hermanos Garayalde, house, música de caramelo, fruta y verduras frescas) y la pareja Miguel Guirado y Alberto Polo, o sea, Substuff (techno serio, sintético y concreto).

Al margen de estilos y estructuras danzantes encontramos a la formación madrileña Coeval. Muy al margen, pues su música es pura experimentación, radicalmente abstracta, muy de bleeps y glitchs. Algunos lo llamamos ruidismo.

Otra cosa se llama click y en España la hace muy bien el señor Luis Ortiz, oriundo de las Islas Canarias y ahora establecido en Barcelona. Sin duda, un artista y un iluminado, ya que, por fin, gracias a él y su refinadísimo sello Klikekture, podemos decir que aquí también sabemos de techno minimalista, profundo, sutil y delicioso (con participación de internacionales como Mikael Stravostrand y Sutekh, sintomático de calidad).

Tirando hacia el norte de la geografía ibérica encontramos a Higinio y su sello Motor en tierras asturianas; a Jerard Macías en las vascas (el chico ha grabado techno del bueno para el sello inglés Bush); a Prozac en Galicia…

Y, por supuesto, Barcelona también tiene tela que cortar: el live de Swat, el sello Cosmos (entre cuyas filas militan Alex Martín, Braille, Aviador Dro, Chop Suey, Prof. Angel Dust…), Angel Molina obviamente, Vanguard o Joel Pons --que una pista tuya te la publique el berlinés Tresor no es cosa que suceda cada día--.

No olvidamos a Madelman, Watch TV, el ceutí David Gadea, Dwomo, An Der Beat, David Thea… Y algunos más que conforman definitivamente la pléyade de productores nacionales en el campo de la electrónica. La visión de este horizonte, este paisaje de personas, transmite unas sensaciones positivas: haberlos haylos, la inquietud del déficit no la sufrimos con angustia. Sin embargo, aunque también se percibe una innegable calidad, faltan trabajos que epaten verdaderamente al público y una cultura de mayor reconocimiento, respeto, deseo y exigencia de la producción en España.

Por lo que respecta a la actualidad más candente, quienes están sacando las mejores notas, sin duda, son Oscar Mulero y su Warm Up (música techno de altura), la gente de Audiodrome y Luis Ortiz con su entrañable Klikekture.

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