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Ester Formosa. Octubre de 2003.

Apetito interpretativo

En este país, hacer varias disciplinas artísticas está consentido en muy pocos casos. Será cuestión de esa insana envidia que marca el carácter a este lado del hemisferio… o no. El caso es que, cuando un actor decide adentrarse en otros lodos creativos, enfocados a lo musical (casos como Najwa Nimri o Nancho Novo servirán de ejemplo), cuando alguien quiere demostrar que se siente atraído por distintas artes, tiene que andar con pies de plomo o, directamente, dejar claro que en una cosa está por trabajo y en otra por hobby. Que, donde no manda la vocación, hay ganas de crear. El caso de Ester (catalana trotamundos) varía un poco, puesto que siempre ha pisado entre teatro y música, en este caso guiada por la experta mano de, por ejemplo, Toti Soler, con quien hizo un disco titulado “M’aclame a tu”. Con estas realidades de cajón (limitaciones tontas, por otro lado), Ester Formosa lanza este trabajo, “Epoca”, el viaje submarino de una intérprete valiente. “Es un disco que habla de esa nostalgia por la pérdida de los propios orígenes. Teníamos claro desde el principio que tenía que ser un disco austero y lo más parecido posible a lo que es el directo. Eso no quiere decir que en otra ocasión no utilicemos sonidos electrónicos. Las técnicas modernas están ahí para utilizarlas y lo importante es tener algo que decir y luego buscar la mejor manera de hacerlo”. Y para idiomas utiliza la misma táctica, es decir, no cortarse y buscar lo artístico en cada caso: catalán, francés o castellano.

El contenido del trabajo muestra un paraíso personal (versiones del argentino Atahualpa Yupanqui, el italiano Paolo Conte o el catalán Jordi Guardans) donde se perciben miedos y placeres y donde se exhibe un gusto refinado y un educado paladar musical. “Me cuesta mucho definir la música que hacemos, pero lo voy a intentar. Diría que es intimista, entre el jazz y la música clásica, con un componente literario importante. Pero, sobre todo, valoramos la interpretación y el diálogo que creamos entre nosotros”. La catalana Ester Formosa, cuando se pone a hacer música, se rodea de músicos que, más que eso, son amigos con quienes compartir su afición. “¡Son encuentros afortunados! Con Maurici Villavecchia es la segunda vez que trabajo. El ha hecho los arreglos y la producción de ‘Epoca’ y del disco anterior, ‘La casa solitaria’. Maurici ha querido hacer el esfuerzo de entender mi manera de cantar; le ha interesado jugar con la propuesta de teatralidad, de dar valor a la interpretación y a las letras. Encontrar un músico como Maurici ha sido muy importante para mí”. Todo ello lo planifica desde su casa en Barcelona, una ciudad muy adecuada para artistas de alta carga bohemia, como es el caso que tratamos. “Me siento bien en Barcelona: es mi ciudad. Una de las actuaciones más emotivas que recuerdo fue al aire libre, en un pueblo cerca de San Sebastián. Y siempre me he sentido muy bien en Zaragoza”. En cuando a su paso por el estudio de grabación, y sabiendo que no es una primeriza, los comentarios son previsibles: “La verdad, nada especial. Fue una grabación tranquila. Intentamos grabar juntos el máximo posible y algunos temas salieron a la primera. Nos dimos cuenta de que, si queríamos corregir algo, lo que habíamos grabado perdía fuerza, por lo que preferimos la espontaneidad a la perfección”.

Pero sigamos profundizando en lo que hablábamos al inicio de esta columna. La tesitura en la que se ve Ester a la hora de cambiar su arte como actriz por el de su faceta de cantante. “Es distinto. Yo me considero una intérprete, pero es muy distinto interpretar un texto teatral en el que te ampara un personaje a interpretar una canción. Al cantar, la emoción se transmite de forma directa, no hay intermediarios. La inmediatez es lo que me gusta de la música. Tú pones la intención y, si la magia se produce o no, es algo que casi no depende de ti. El teatro, en cambio, es mucho más intelectual: todo está calculado al milímetro. Creo que cantar responde más a mi forma de ser”.

Finalizando, la preguntamos por el paso de su música por los escenarios, su gira de presentación, donde se juntan sus dos ramas artísticas. “Primero escojo siempre las canciones. El punto de partida en ‘Epoca’ ha sido ese universo un poco mágico que tienen en común todos los temas. Siempre trabajo la parte teatral con Miquel Górriz. Empezamos a trabajar juntos en los espectáculos de ‘La Canyí’. Hacer los textos de enlace entre las canciones es como hacer un collage, cuentos, diálogos, poemas… y al final todo encaja. Es la vieja formula del cabaret centroeuropeo”.

Turrón & Babas