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Bondage. Octubre de 2003. Las marismas del rock detallista
En la hoja de promoción reconocen que resulta pretencioso querer copiar a los grupos de fuera cuando, en realidad, uno no es de allí. Correcto, aunque para lograr su propio lenguaje aún han de tener más perspectiva y olvidar su origen y su destino, viajar entre su música, ya que capacidad y academia tienen. También reconocen que han descubierto que en un estudio modesto se pueden hacer buenas composiciones. “Desde luego: la grabación de ‘Living jelly moves’ ha sido casi totalmente casera, pero el resultado nos ha sorprendido a todos. Eramos conscientes de las limitaciones que tenía el estudio, pero con tiempo y paciencia le hemos exprimido el 100% de las posibilidades y el resultado suena sorprendentemente bien. Afortunadamente, los medios de grabación se han democratizado hasta un punto en el que con tiempo, sentido común y un mínimo de buen gusto se pueden hacer cosas realmente impensables hace pocos años. Pero no hay que confundir el fin con los medios: hemos mimado extremadamente la composición, las letras y los arreglos, que están pensados para que este disco, que aparentemente es tan dispar, tenga un hilo conductor muy concreto y perceptible”. Y, siguiendo en el estudio, sepamos las anécdotas que hubo y los momentos determinantes: “Ha habido muchos momentos especiales a lo largo de estos seis meses de grabación. Recuerdo un sábado por la mañana en el que estábamos tomando el sol en la terraza del estudio mientras una grúa gigante se llevaba las últimas vigas del cine Montecarlo, que estaba siendo demolido por aquellos días. Christian estaba sólo con Dax, grabando la guitarra y la voz de ‘Check out’. Al cabo de un par de horas sacó la cabeza por la puerta y dijo: ‘Es niño…’. Dax ha sido un elemento decisivo en la elaboración del disco: nos ha sabido escuchar y darnos rienda suelta cuando intuía que íbamos bien y poner el freno de mano cuando la cosa se torcía”. El cuarteto canta todo en inglés, así que nos explican sus letras: “En este disco hay un equilibrio bastante curioso entre el desengaño y la esperanza enmarcados en el mundo en el que vivimos, es decir, el de las bandas que sobreviven en el underground. Hablamos de eso y de las válvulas de escape que nos ayudan a mantener la cordura en el loco mundo del rock”. Dentro de ese camino rockero ellos han vivido en su piel lo que es cambiar de una independiente a otra. Antes fue Astro y ahora Iguapop: “Nos pareció que en Astro andaban desbordados de trabajo para dedicar al disco la atención que considerábamos necesaria. Es normal que una discográfica tenga sus preferencias. Se habló y todos entendimos nuestras posiciones. No ha sido ningún trauma para nadie y la relación con Astro sigue siendo excelente. Pero creemos que este disco lo podrá defender mejor Iguapop”. Esto, lógicamente, les obliga a vivir en el underground patrio, sufrido, pero que existe, y subir poco a poco por las cortantes paredes de las ventas por disco, es decir, poner carne en el asador y rezar para que alguien les oiga: “Vivir en el underground es duro, pero, al menos, te dejan hacer lo que te da la gana. A veces me asusto de las cosas que oigo de gente que trabaja en grandes compañías. El otro día me explicaron una historia alucinante: una reunión de tres horas para decidir si cierta cantante debía llevar corbata, qué tipo de corbata, si las rayas deberían ser horizontales, verticales o diagonales, el color o colores que debía tener el estampado, nudo sencillo, doble… No me gustaría acabar así, rodeado de gente que tiene justificar su sueldo diciéndote gilipolleces”. Entre sus grupos amigos de la escena peninsular hay una buena ristra de independientes testarudos: “Carrots, Fine y Sidonie son los más cercanos, por ser de Barcelona. Pero en el circuito hemos coincidido mucho con La Habitación Roja, Australian Blonde, Niños Mutantes… Somos pocos, pero bastante bien avenidos”. Volviendo al tema de las influencias y a su paraíso particular de gustos nos desvelan sus debilidades: “Creo que eso se ha destilado muy bien en ‘Living jelly moves’. Somos cuatro miembros (con la incorporación de Alex cinco, pero no cuenta porque ha entrado cuando ya estaba acabado el disco) con muchos gustos en común pero con un imaginario propio. Aparte de los grupos que nos gustan a todos, cada uno de nosotros tiene sus debilidades. Alfredo siempre tiene una tendencia hacia la psicodelia y el folk. Christian se inclina más hacia la electrónica, Gabriel es fan incondicional del sonido Manchester y a mí me gusta el dance floor jazz y las bandas sonoras. Son un montón de ingredientes que, de entrada, no parecen del todo compatibles, pero creo que el resultado final tiene una solidez que nadie esperaba. Resumiendo, hemos hecho un disco del que ninguno de los cuatro se ha dejado nada por decir”. Turrón & Babas Bondage. “Living jelly moves”. Iguapop
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