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Jane’s Addiction

“Strays”. Capitol. Octubre 2003.

No soy yo de los que suele aplaudir regresos. En la gran mayoría de los casos éstos no son sino llantos por el pasado, elogios a las “Coplas a la muerte de mi padre” de Jorge Manrique, la aceptación de que el tiempo pasado fue mejor. Casi todos los regresos, sobre todo los más esperados, tienden a deprimirme y a comprobar que pocas veces la gente suele aceptar que, en este mundo, todo se acaba. Pero, claro, siempre hay una excepción. Y el regreso de Jane’s Addiction lo contemplo como una de las mejores cosas que han pasado en el año. No por su vuelta (trece años desde su último “Ritual de lo habitual”) ni por su leyenda (la vida privada de los músicos siempre me pareció asunto de la prensa rosa), sino porque el regreso viene acompañado de un disco imponente, de un álbum de ésos que recomiendas hasta a tu peor enemigo convencido de que así te perdonará todos tus pecados.

Parte importante (muy importante) del enorme resultado de “Strays” es el trabajo de Bob Ezrin, un productor que podrá catalogar este trabajo como uno de los mejores (si no el mejor) de los que ha realizado en toda su vida. La sonorización, la mezcla, los arreglos… todo está a un nivel excelente que no hace sino engrandecer canciones que, ya de por sí, valen un potosí. Su mano se nota a la vuelta de cada coda, en el fondo sonoro de cada estribillo, en el acero afilado de cada solo… Cada una de las canciones del disco es una lección de cómo manejar una música entregada en bruto y perfilada para sacar de los músicos aquello que ellos saben que pueden hacer.

Regreso, por tanto, bien saludado, al menos por mi parte. Un disco que reivindica a una banda y a su trascendencia en la parte final de los 80.

E.P.

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