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James Taylor Quartet

“The Oscillator”. Rootdown. Octubre 2003.

El teclista más famoso del acid jazz británico comentaba, tras aparecer su anterior obra (“Room at the top”, 02), que lo más satisfactorio del álbum era que habían llegado al límite, que se lo habían currado mucho y que habían creado un disco inmejorable. Ahora, sin llegar a los doce meses desde aquello, el planteamiento ha cambiado y, con “The oscillator”, Taylor ha querido hacer un disco sencillo, con un sonido más puro y con una dinámica de composición que emulara al punk.

Si a todo eso le añades que la sonoridad de un Hammond siempre es de las que marca huella, que en el universo de Taylor siempre va a estar presente la herencia negra del soul y el funk y que los tiempos de estudio que requiere este músico son más bien cortos, ya tienes una semblanza bastante fiel de lo que trae consigo el nuevo trabajo.

Y eso que engaña. La primera pieza del álbum es una versión del “Superstar” de Andrew Lloyd Weber que fue santo y seña de la ópera rock más famosa de los 70. Puede ser un guiño o solamente una broma, pero el caso es que la pieza tiene poco que ver con el resto del material. En él abundan temas apresurados, firmes pero rápidos, con amplio hueco para instrumentistas desbocados cuya única misión es mantener en trote la percusión de base. La inspiración que ha proporcionado el punk a Taylor se refleja solamente en la inmediatez, nada más. Puede que en el estudio hayan corrido más que nunca, hayan evitado filigranas y se hayan quedado con las tomas justas, pero, desde luego, aquí hay un gusto por lo evidente. Y lo evidente es que a esta gente le gusta tocar, ponerse en un nivel superior de la media y lucirse.

Y lo hacen de sobra.

E.P.

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