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Fred Wesley
Curiosa, sin duda, la carrera de este hombre. Empezó en el mundo del jazz con un padrino del calibre de Count Basie y, en poco tiempo, ya estaba al lado de James Brown formando parte de aquel increíble triplete en el que también estaban Maceo Parker y Pee Wee Ellis. Como líder hizo alguna que otra intentona a finales de los 70, pero no consolidó (o parecía) una carrera en solitario hasta la década de los 90, cuando comenzó a entregar discos con cierta regularidad. Sin embargo, en el 95 se paró y solamente se le ha podido escuchar en discos de otros artistas (Randy Brecker ha sido el último) o en recopilatorios tipo “Full circle: from be bop to hip hop” (99). Ahora, sin embargo, reaparece dentro del catálogo de Hip Bop (sello de gran consistencia y calibre) para ofrecer este “Wuba Cuba Shuba”, un disco encantador. Y es que, cuando se habla de músicos solventes, da la impresión de que raramente van a grabar un pufo. Puede que se queden anticuados en las formas, que resulten excesivamente tradicionales, pero… nunca defraudan estrepitosamente. En el caso de Wesley se da la circunstancia de que tampoco aparecen los defectos citados; firmar con Hip Bop parece haberle inculcado la filosofía del sello y el trombonista se ha dejado conquistar por la fusión y los nuevos ritmos. Así, en el disco aparece el funk salvaje que se podía esperar, pero también se coquetea con elementos latinos, con el dub o con la música de baile. Como protagonista esencial está ese estilo soulero que tan bien maneja este hombre (también trabajo con Bootsy Collins y George Clinton), pero el hecho no es sino una caja de llaves que permite abrir cualquier otra puerta sin tener que forzar la cerradura. E.P.
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