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Danza Invisible

“Pura danza”. Dro. Octubre 2003.

¡Hay que ver lo difícil que resulta para un grupo original permanecer en el candelero más allá de cuatro o cinco años! Y da lo mismo del género del que estemos hablando; aguantar en el mayor mercado de música banal sin hacer música banal es algo para aplaudir. Danza Invisible podrán aparecer en muchas radios, tener campañas de promoción orientadas al público masivo, coquetear ocasionalmente con las modas o mantener un público simplón que apenas llega más allá de los “40 principales”, pero, con todo, en cada uno de sus discos han intentado hacer algo suyo, algo propio que les distinga de la generalidad. Unas veces les ha salido mejor y otras peor, pero ellos no se han arrugado y han confirmado siempre en la carretera (la gran asignatura) que hacer pop en este país no pasa necesariamente por copiar lo que nos traen los ingleses, los americanos o, últimamente… los latinos.

Cuando Danza apareció en el mercado hacía algo nuevo y ahora, casi veinte años después, sigue manteniendo un estilo que no es equiparable al de ningún otro grupo; suenan a ellos. “Pura danza”, su último álbum, no es sino una constatación de eso. El disco supera en resultados artísticos al anterior “Efectos personales”, aporta mayor frescura y mejores canciones pero, ante todo, es un álbum tan identificativo del espíritu del grupo como lo eran sus primeras grabaciones.

Danza Invisible sigue apostando por su fusión transoceánica, siente el ritmo en su faceta más caliente y construye canciones en torno a esos referentes sin evitar, en ningún momento, plasmar su esencia española. Dado el panorama en que nos movemos durante los últimos años, el ver que su música aún tiene vigencia es una prueba de que el trabajo genera, alguna vez, recompensa.

E.P.

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