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Ramoncín recupera rarezas y un directo del 84. Octubre 2003 ”En los 80 fuimos muy radicales”
Los tiempos fueron cambiando y Ramoncín evolucionó en un personaje bastante alejado del cuero y el límite, las giras y los ensayos. Probablemente, para los rockeros más jóvenes, el otrora primigenio punkrocker esté más asociado al papel de televisivo presentador, tertuliano, concursante o jurado famoso. Es esta faceta (y no la de escritor o actor, que también ha practicado) la que, para muchos, pesa como una losa en su currículum. Disquisiciones aparte, no se trata de analizar el camino vital escogido por Ramón Márquez, sino rememorar una época donde reinó a sus anchas en el panorama del rock urbano hispano y cuyo buen botón de muestra es este trabajo. Cabe preguntarse por qué un directo de buen sonido, enorme ambiente y entregada ejecución no salió en su momento. “Sinceramente, no era para sacarlo” --confiesa Ramoncín sentado en una silla de verano de la sede de SGAE en Madrid--”. Había algo que no me gustaba. Por ejemplo, la batería: en aquella época me peleé mucho con ellos. Querían ser Billy Cobham, nada de Keith Moon o incluso Charlie Watts. ¡No tocaban los platos por no gastarlos! Hay unos años en que parece que el mismo batería tocaba con todos nosotros. A mí me gustaba más la cosa psicodélica y llegué a tocar con dos baterías. Algo para divertir, secciones de ritmos más contundentes. Lo valioso del disco es que es un documento para fans porque, la verdad, tiene sus cositas, como mis problemas vocales cuando me subía mucho y me faltaba fuelle. Dos años después hubiese solucionado eso con la gorra, pero entonces no tenía la técnica”. Lo cierto es que, pese a la autocrítica del autor, el disco retoma en buena forma clásicos de un repertorio en plenitud en aquel momento. “Claro. Si la putada de sacar esto es que la gente va a pensar: ‘éste se ha secado, se ha quedado fundido’. Espero que conmigo eso ya se haya pasado, que se hayan dado cuenta de que he cogido otro ritmo. Ahora puedo sacar esto porque lo guardo todo, tengo cosas acojonantes”. Y agradecido quedará el fan acérrimo del madrileño por esa manía suya. “Siempre me he leído muy bien los contratos y los he sabido interpretar. Un contrato es una conjunción de voluntades: nadie puede abusar de ti. El abuso no lo permite la ley y me di cuenta muy pronto. En fin, que de esa misma yo me guardé todo, lo tengo todo y lo voy a sacar todo: baratito, despacito, en la red… que el negocio ya no es lo que era. O te lo tomas de otra manera o te dedicas a otra cosa”. Por ahora ha caído esto, una hora grabada en directo el 5 de mayo de 1984 en el abarrotado pabellón de Anaitasuna, en Pamplona. Un minutaje escaso teniendo en cuenta que el concierto original duraba más de tres horas. “Me hubiera gustado publicarlo entero” --explica Ramoncín--”, pero era una cosa que en principio hacía TVE y me dijeron que sólo podían mezclar cincuenta y cuatro minutos, así que hubo que reducir a las canciones en castellano, que en ese momento eran éxito. Había todo tipo de versiones: ‘Drive my car’ de The Beatles, ‘The river’ de Springsteen, el ‘Dizzy Missy Lizzy’, ‘Walk on the wild side’ de Lou Reed, algo de Creedence Clearwater Revival… He de decir que el asunto de las versiones no le gustaba mucho a la gente: es un pelea que yo he sentido perdida en el repertorio con el publico español. Y creo que cometimos un error gravísimo: no acostumbramos al publico a las versiones. En los 80 fuimos muy radicales y pasamos de hacer sólo versiones a no hacer ninguna, de cantar todo en inglés a no hacer nada en inglés. Era imposible, y menos de nuestros compañeros. La endogamia de los grupos de los 80, el ‘sólo nos gustamos nosotros’, luego no sirvió para nada. No llegó ni siquiera a producirse un supergrupo con, por ejemplo, uno de Nacha Pop, uno de Mamá y uno de Secretos. Con ese rollo de sólo hablar de ellos nos frieron a quienes habíamos grabado en el 78 ó 79. No era matar al abuelo, ni al padre, sino peor: ¡era matar al hermano!”. Viejos resentimientos frente a la olvidadiza generación de La Movida para un rockero de raíces que, en verdad, nada necesitaba de los demás por aquellos años, pues su credibilidad y repertorio estaban fuera de toda duda. “Pues sí. A mí, en el 85, todo me sudaba la polla. Llegaba a Anaitasuna y había seis mil tíos para verme: me daba igual. Me ponían mis amiguetes y tocar con ellos: Moris, Burning, la banda de los hermanos Cruz, Silvio y Luzbel… todos unos con otros. En cualquier concierto coincidías y te subías a cantar al escenario; te sabías los temas, de Burning, de Ricardo Solfa, de Pau Riba… A mis conciertos me llevaba de teloneros a unos Barricada o a unos punkies de Santander. Eso se fue perdiendo; de lo último fue el festival por los afectados del aceite de colza en Barcelona, en el Estudio 54, en 1981. Estuvo de puta madre, pero tuvo su lado oscuro: mucha gente se enganchó ahí a los polvos raros. Estuvieron los de Tequila, Antonio Vega (que salió a tocar acompañado de Kevin Ayers, al que conocí y de ahí mi relación con Ollie Halsall), Antonio Flores… alguna gente salió muy mal parada de ahí. Mientras ellos estaban al polvo blanco tú estabas a unas braguitas blancas, en otra clave de las cosas”. Reducido el repertorio del directo al material propio, el bolo se abre con el histórico “Putney bridge” para continuar con “Chuli”, “Rock’n’roll dudua”, “Angel de cuero”, “Al límite”… “Putney Bridge tiene truco para la atmósfera “--continua Ramoncín--”. Ahora estamos montando los conciertos del 25º aniversario y empezaremos con ésa. Tiene esa magia: una introducción muy larga que va llevándote, te vas fundiendo con la música… La conoce todo el mundo, lo da todo… Durante muchos años empecé con el ‘Hormigón, mujeres y alcohol’, pero es que luego la gente quería otra”. Probablemente el momento más álgido del concierto navarro se produce cuando el cantante encara una líneas de la famosa canción en euskera. “Soy bastante políglota: se me dan bien los idiomas y, dos días antes, en una cena, un chaval me tradujo un trozo y en euskera sonaba de puta madre, mucho mejor que si lo hubiera cantado en inglés. Me puse un papelito para no perderme y, cuando llega la parte en euskera, se nota un subidón en la gente de la hostia. Siempre que voy a Euskadi la canto así; de haber tenido más valor la habría cantado entera”. Es muy probable que los micrófonos de ambiente no sepan (y mucho menos el DVD) recoger el tremendo ambiente que se vivió aquel día de mayo de hace casi diez años. “El espectáculo estaba fuera; no sabéis lo que era eso: banderas, bronca, gente cantando consignas… No es que tuviera sentido: es que estabas en eso, en esa pelea. De esa época echo de menos el entusiasmo, por ambas partes. Recuerdo la noche anterior: las entradas no se vendían anticipadas, sino en el día, y el Patas me llamaba diciendo: ‘llevamos cuatro mil, llevamos todo, está lleno’. Había un entusiasmo que tú tenías también (el día que me suba a un escenario y no se me ponga la patata a tope lo dejo). Pero entonces la gente compraba tus discos de verdad, te seguía de verdad. Ahora la gente sigue a Bisbal (y ojo, que no tengo nada contra él), pero, por entonces, nosotros llegábamos a los sitios y la gente ponía pancartas. Lo mismo daba siete mil que quinientos: el conciertazo estaba asegurado. Ahora todo el mundo juzga a todo el mundo. Ni siquiera la crítica es entusiasta; ya nadie te dice: ‘sal a la calle y compra este disco; no puedes vivir sin él’. Ahora no se tiene el ‘On the beach’ de Neil Young o se dice que a uno le gusta el rock aunque no tenga el primero de AC/DC”. Se lamenta Ramoncín de un público que, con los años, ya no es suyo. Del mismo modo, tiene motivos para quejarse sobre la calidad del DVD, que no deja de ser un testimonio fiel aunque de tomas poco definitorias, cámaras despistadas y, aunque con brío, con una realización más bien justita. “Es que el CD tiene un presión que no tiene el DVD: está tocado por Televisión Española. La cámara no baja al público, no se ve a la gente cantando… Claro, que si se viese lo que estaba cantando la gente allí, en aquel momento… habría que contextualizarlo primero: era el 84, cuando la gente moría en las comisarías, se ‘suicidaban’ saltando de la comisaría por la ventana, un policía disparaba, la bala ‘rebotaba’ y uno moría, la Guardia Civil cogía a cuatro chavales en Almería y los hacía desparecer… Habría que meter a la gente en ese contexto. Habría que explicar eso porque es jodido de entender ahora. Yo aún tengo en la mente esa imagen de un guardia civil sacando en brazos a una niña frente a la Casa Cuartel de Vic con un pijama como el de mi hija. Ahí es donde dices: ‘esto no, esto no es’. Hay que tener cojones para ir al Ministerio de Defensa y liarse a tiros, pero eso de poner la bomba y salir por pies… no mola. Hoy en día es inexplicable, pero en aquel momento era distinto: estaban por allí Mikelon, Beltza el Negro, El Patas, Melchor Fernández Larrinoa (fue el conductor que sacó a los presos de la fuga de Segovia)… todo eso habría que explicarlo. Aun así me alegro que eso no salga en el DVD porque, en el fondo, no estuvo nunca”. Para completar “Canciones desnudas vol.1” se incluye un disco de rarezas donde hay pequeñas sorpresas, como una versión de la canción del Cola Cao para un anuncio, la banda sonora de la película “Adolescencia”, un cover del “Imagine” de Lennon, un dúo con Miguel Ríos, otro con Loquillo… “La selección ha sido temporal. Se han ido cogiendo cosas cronológicamente, empezando con ‘Love the one you’re with/ Cowgirl in the sand’ (de Stephen Still y Neil Young respectivamente) grabado en el salón de mi casa con mi hija de un año dando palmas. Para lo de rarezas hay que tener estomago porque… ¿a quién le puede interesar oírte cantar eso? Por ejemplo: el ‘Veneno’ que hay ahí no es el mejor; cualquiera de directo era mejor, pero las cintas que tengo son malas y se tuvo que quedar eso. El ‘Es fa llarg’ en catalán de Pau Riba es cojonudo; nadie que escriba un tema como ese puede permanecer en el olvido: eso sólo pasa aquí. El ‘Rock’n’roll dudua’ con Miguel Ríos está muy bien. El ‘Jim Dinamita’ de Burning, que entonces se hizo para resolver sus problemas económicos… Apenas quedan rarezas. En ese sentido está casi todo; si acaso un ‘Walk on the wild side’ y un intento de ‘Rosalita’ de Springsteen de quince minutos que salió como el puto culo, je je je”. Kike Babas & Kike Turrón Ramoncín. “Canciones desnudas vol. 1”. Kainos
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